El consumo de carne en Argentina ha descendido a niveles históricos, alcanzando un promedio de 47,3 kilogramos por persona al año, según los últimos datos recopilados. Esta cifra representa una disminución del 2,5% en comparación al año anterior, mientras que el consumo aparente totalizó 332.700 toneladas, lo que equivale a una caída del 13,8%. Estos números demuestran una tendencia preocupante para uno de los pilares de la gastronomía y la cultura alimentaria argentina, donde la carne ha sido tradicionalmente un alimento central.

Las estadísticas provienen de un informe elaborado por la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra), que ha destacado que el consumo de carne ha llegado a su punto más bajo en los últimos 20 años. En febrero, el número de cabezas de ganado faenadas se situó en 924.300, lo que representa un descenso del 10,7% en comparación con el mismo mes del año anterior. Este descenso en la actividad de faena se ha traducido en una menor producción de carne y un consumo interno decreciente, evidenciando un panorama complejo para la industria cárnica en el país.

En el primer bimestre del año, las exportaciones de carne se mantuvieron estables, alcanzando las 124.000 toneladas, con un aumento del 6,6% en comparación interanual. Este hecho contrasta con el descenso en el consumo interno, lo que sugiere que el mercado externo sigue siendo un pilar importante para los productores, a pesar de la reducción del consumo en el ámbito local. Miguel Schiariti, presidente de Ciccra, ha señalado que fenómenos climáticos como la sequía y las inundaciones han forzado a los productores a vender su ganado anticipadamente, lo que ha reducido el stock de animales y afectado la eficiencia general del sector.

Uno de los factores que contribuyen a la baja en el consumo de carne es la limitada oferta de hacienda para faena, que ha registrado uno de los niveles más bajos en las últimas décadas. El 48% de los animales faenados en febrero fueron hembras, lo cual no es sostenible en un contexto que requiere expansión del rodeo. Esta dinámica, unida a la reducción de la capacidad de producción, pone de manifiesto la necesidad de un cambio en las prácticas de manejo del ganado y en las políticas de producción a largo plazo.

Aunque la inflación se mantuvo estable en febrero, el precio de la carne ha experimentado un aumento significativo. En promedio, el incremento mensual fue del 7,4%, con subas que en algunos cortes superan el 8%. Por ejemplo, el precio del asado se ha situado en torno a los $16.850, mientras que cortes como el cuadril y la nalga ya superan los $19.000 y $20.000, respectivamente. Asimismo, el pollo entero ha visto un aumento aún mayor, alcanzando el 10,2% en el mismo período.

Las cifras de incrementos interanuales son aún más alarmantes. El rubro de carnes y derivados lidera las alzas en el ámbito alimentario, con un aumento del 54,1% en comparación con el año anterior. El asado, uno de los cortes más emblemáticos, ha visto un incremento de 67,6% en el último año, seguido por el cuadril con un alza del 65,9%, la paleta (65,7%), la nalga (62,1%) y la carne picada (56,6%). En promedio, el aumento de los precios de los cortes vacunos ha sido del 63,6% interanual, casi el doble de la inflación general, que se ubicó en 33,2%.

Este panorama plantea un desafío significativo para la industria cárnica argentina, que debe adaptarse a un entorno de consumo cambiante y a la presión de los precios, así como a las condiciones climáticas adversas. La disminución en el consumo de carne y el aumento de precios sugieren la necesidad de una revisión profunda de las políticas agrícolas y de la producción de alimentos en el país, para asegurar la sostenibilidad del sector y la accesibilidad de este alimento fundamental para la población.