La Ley de Tierras puede favorecer el ingreso de capitales y, al mismo tiempo, proteger las fronteras y los recursos estratégicos mediante reglas claras. La tierra y el agua de ríos y lagunas continúan siendo argentinas, independientemente de la nacionalidad de quien invierta, porque permanecen dentro del territorio y sujetas a las leyes del país.

Según Alejandro L. de Elizalde, una normativa de esas características podría contribuir a atraer inversiones, incorporar tecnología y generar actividad en regiones que necesitan capital y trabajo. A su entender, los riesgos vinculados con la seguridad nacional o el control de los recursos naturales deben abordarse de forma específica y transparente, con controles razonables y previsibles. “Defender el país también significa permitir que sus recursos naturales se desarrollen”, sostiene.

En otra carta, el autor cuestiona las críticas a las palabras del arzobispo García Cuerva durante su homilía en Luján. Considera que quienes calificaron el mensaje como desafortunado o cargado de “mala onda” no escucharon el contenido de la prédica, en la que pidió: “Que María nos enseñe a respetarnos, a perdonarnos, y a dialogar con todos; que dejemos de descalificar al hermano, de ser indiferentes con el que sufre y de dar lugar al odio entre nosotros…”. El texto recibido se encuentra incompleto en este punto.