La empresa mayorista de productos de limpieza y perfumería Caromar ha decidido presentar un concurso preventivo de acreedores como resultado de una drástica disminución en sus ventas, que alcanzó el 42%, y el cierre de cuatro de sus sucursales. Esta situación ha llevado a la compañía, controlada por la familia Manassero y conocida por marcas como El Coloso, a despedir a más de 100 empleados, lo que refleja un deterioro significativo en su operación. La presentación judicial, que se tramita en el Juzgado Comercial N°1 bajo la clasificación de “gran concurso”, revela un panorama sombrío para la empresa que, según sus documentos, no ha podido cumplir con el pago de salarios y proveedores, lo que la ha llevado a una situación insostenible.
El concurso preventivo no es un evento aislado, sino que se inscribe en un proceso de declive que Caromar ha estado enfrentando desde el año 2024. En su declaración, la empresa explica que la combinación de factores como la recesión económica, la feroz competencia en precios, la escasez de productos en el mercado, y la conflictividad sindical han contribuido a su crisis actual. En un entorno donde los márgenes de ganancia se han reducido drásticamente, Caromar ha visto cómo su modelo de negocio, basado en la escala y la rotación de productos, ha quedado obsoleto.
En el marco de su proceso de reestructuración, Caromar ha cerrado cuatro sucursales: Mar del Plata, Burzaco, La Tablada y San Justo. Actualmente, la empresa opera con un número significativamente reducido de locales, manteniendo solo cinco en Laferrere, Moreno, José C. Paz, Rosario y Neuquén. La reducción de su infraestructura ha sido una respuesta directa a la disminución de la demanda, aunque también refleja una estrategia de supervivencia ante un contexto de mercado cada vez más adverso.
El informe presentado ante la justicia detalla que, ya en mayo de 2024, la compañía había alcanzado un punto crítico, reportando “cero ganancia” con una plantilla de alrededor de 300 empleados. Este panorama ha evolucionado de manera negativa, llevando a una disminución de las ventas de mercaderías, que cayeron un 41,75% entre noviembre de 2024 y noviembre de 2025, pasando de aproximadamente $4.700 millones mensuales a menos de $2.800 millones. Este descenso en las cifras refleja no solo una contracción en el volumen de ventas, sino también un ajuste en la percepción del mercado hacia los productos que ofrece Caromar.
La empresa atribuye este colapso en las ventas a una recesión generalizada que ha afectado a múltiples sectores de la economía. Caromar ha señalado que, en un mercado cada vez más pequeño, los mayoristas han comenzado a competir entre sí con precios agresivamente bajos, incluso a costa de sus propias ganancias. Este fenómeno ha llevado a una guerra de precios que ha erosionado aún más los márgenes de beneficio y ha dejado a Caromar en una posición precaria, donde la viabilidad de su modelo de negocio ha quedado en entredicho.
Una de las decisiones más significativas que la empresa tomó en el contexto de esta crisis fue el cierre de su planta de producción de jabón en polvo, una inversión que había demandado cinco años y que formaba parte de su estrategia para aumentar la escala de producción. A pesar de haber logrado abastecer a grandes cadenas como Carrefour y Día, la competitividad feroz del mercado, caracterizada por el dumping, hizo que la operación se volviera insostenible. Según los informes, los despachos mensuales se redujeron drásticamente, pasando de 17 camiones a solo dos, lo que llevó a la interrupción total de la producción.
El caso de Caromar es emblemático de los desafíos que enfrentan muchas empresas en la actualidad, donde el entorno económico y la competencia desleal pueden llevar a una rápida descomposición de estructuras comerciales que, a primera vista, parecían estables. Este concurso preventivo podría ser un punto de inflexión no solo para la compañía, sino también para el sector mayorista en su conjunto, que deberá adaptarse a un nuevo contexto de mercado si quiere sobrevivir a la crisis.


