El empresario Tom Steyer, reconocido por su fortuna en el ámbito de los fondos de inversión, se encuentra en el centro de una intensa controversia en su camino hacia las elecciones primarias del 2 de junio como uno de los principales aspirantes demócratas a la gobernación de California. Las críticas hacia su figura se centran en su historial empresarial, especialmente en relación con sus antiguas inversiones en cárceles privadas que actualmente albergan a inmigrantes indocumentados. Este cuestionamiento ha surgido no solo de sus rivales dentro del partido, sino también de diversos grupos de presión en Sacramento, en un entorno electoral marcado por la competencia y la polarización.
A lo largo de su carrera, Steyer, de 68 años, ha sido objeto de un análisis constante sobre la legitimidad de su riqueza y los principios éticos de sus decisiones empresariales. Sin embargo, el debate ha cobrado mayor fuerza en una reciente asamblea ciudadana en San Diego, donde la activista demócrata Holly Taylor, dedicada a la limpieza de escenas del crimen, demandó respuestas concretas sobre la conexión entre el antiguo fondo de inversión de Steyer y el controvertido centro de detención privado de Otay Mesa. Taylor no dudó en calificar a este lugar como un “campo de concentración”, poniendo de relieve la gravedad de las condiciones en que se encuentran los detenidos, quienes, según sus denuncias, deben beber agua de inodoros debido a la falta de acceso a recursos básicos.
Taylor es parte de un grupo de manifestantes que cada semana organizan protestas frente a la prisión, con el objetivo de recaudar fondos para mejorar las condiciones de vida de los inmigrantes recluidos. Este tipo de acciones ha generado un importante eco en la comunidad, especialmente en un contexto donde las políticas migratorias han sido tema de debate nacional, particularmente bajo la administración de Donald Trump, que implementó estrictas medidas de control y detención de inmigrantes.
La firma Farallon Capital, que Steyer cofundó en 1986, se vio involucrada en inversiones significativas en Corrections Corp. of America, hoy conocida como CoreCivic. En 2005, la compañía llegó a tener acciones valoradas en 89,1 millones de dólares, según datos de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos. CoreCivic es conocida por gestionar cárceles privadas en todo el país, incluyendo el polémico centro de detención en Otay Mesa, que ha sido objeto de críticas continuas por las inhumanas condiciones en que se encuentran los detenidos.
La controversia en torno a las inversiones de Steyer ha sido aprovechada por sus adversarios para cuestionar la autenticidad de su compromiso con los valores progresistas que proclama defender. El superintendente estatal de Educación Pública, Tony Thurmond, ha señalado que Steyer ha acumulado millones a través de empresas que operan centros de detención del ICE y prisiones privadas que encarcelan a menores. Por su parte, el congresista Eric Swalwell utilizó la red social X para criticar la campaña de Steyer, afirmando que se basa en el sufrimiento de “niños enjaulados”.
A pesar de las críticas, Steyer ha admitido en varias ocasiones el error de sus decisiones de inversión pasadas. En 2019, durante una entrevista, lamentó profundamente que Farallon Capital hubiera realizado dicha inversión y aseguró que personalmente había ordenado la venta de la participación en CCA porque no se alineaba con sus valores. En sus declaraciones más recientes, Steyer reiteró que vendió esa inversión hace más de veinte años, no por falta de rentabilidad, sino porque se dio cuenta de que estaba involucrado en un negocio que no quería continuar. Las palabras de Steyer reflejan una clara intención de distanciarse de su pasado empresarial, aunque el escándalo persiste en el presente electoral.
Con la llegada de las elecciones primarias, la presión sobre Steyer se intensifica, y los electores deberán decidir si su arrepentimiento es suficiente para perdonar un pasado que muchos consideran incompatible con la imagen de un candidato progresista. La situación plantea un dilema sobre la capacidad de los líderes para cambiar y aprender de sus errores, así como sobre el papel que juegan las inversiones en la vida política, especialmente en un estado como California, donde las cuestiones de inmigración y derechos humanos son temas candentes.



