A catorce años de la confirmación del potencial productivo de Vaca Muerta, la Argentina comenzó a saldar parte de las demoras acumuladas en infraestructura para el desarrollo de los hidrocarburos no convencionales. Durante buena parte de ese período, las políticas aplicadas por los distintos gobiernos dificultaron la continuidad de las inversiones públicas y privadas necesarias para construir ductos y caminos de acceso a los yacimientos.

La ampliación de esa infraestructura resulta central para llevar gas natural a nuevos centros de consumo y reducir la necesidad de importar gas natural licuado (GNL). En el caso del petróleo, también permite trasladar insumos y equipos para aumentar la producción y avanzar en mayores exportaciones de crudo y GNL a gran escala.

El impulso a las obras coincide con los récords productivos alcanzados en la formación neuquina. De acuerdo con el Instituto General Mosconi (IAEGM), en agosto Vaca Muerta explicó el 72% de la extracción total de crudo del país y el 62% de la producción nacional de gas natural.

Uno de los cambios principales consiste en la reconfiguración del sistema de transporte de gas. El objetivo es promover contratos directos para ejecutar obras de infraestructura por iniciativa privada, en reemplazo del papel excluyente que se le había asignado a la empresa estatal Energía Argentina (Enarsa) a comienzos de esta década. La revisión del esquema también contempla una reasignación de capacidades, aunque el material disponible no detalla el alcance de esa medida.