La problemática de la pobreza en Argentina sigue generando intensos debates, especialmente en un contexto marcado por la inflación y la pérdida del poder adquisitivo. Recientes datos revelan que la pobreza ha experimentado un aumento significativo en el primer trimestre de 2026, alcanzando un alarmante 30%, en comparación con el 27% promedio observado entre julio y septiembre de 2025. Este incremento se ha visto acompañado de controversias técnicas relacionadas con la mejora en la captación de ingresos, lo cual complica aún más el análisis de la situación económica del país.
La Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del cuarto trimestre de 2025 muestra que, si se ajustan los ingresos, la tasa de pobreza podría haber llegado hasta el 35%. Este nuevo cálculo, presentado por la consultora LCG, proporciona una visión más inquietante que el índice oficial publicado por el INDEC, lo que genera preocupación entre los analistas económicos. La situación es aún más crítica si se considera que la recuperación de los ingresos informales ha sido insuficiente para contrarrestar el impacto de la inflación en los hogares argentinos.
En un informe de finales de marzo, el INDEC había anunciado que la pobreza había disminuido al 28% en el segundo semestre de 2025, representando una baja de 3,4 puntos porcentuales respecto al semestre anterior. Sin embargo, el nuevo panorama descripto por los microdatos del cuarto trimestre muestra un repunte hacia el 30%, lo que sugiere un escenario más complicado para el primer semestre de 2026. La combinación de salarios estancados y aumento de precios plantea un reto formidable para la población, que ya sufre las consecuencias de una economía inestable.
Los salarios de los trabajadores registrados, tanto en el sector público como en el privado, han mostrado un incremento nominal del 3% en marzo, aunque esto no ha sido suficiente para mitigar el deterioro del poder adquisitivo. En efecto, los haberes han registrado una caída acumulada del 4,67% en los últimos siete meses. Esta tendencia negativa plantea serias dudas sobre la capacidad de los trabajadores para hacer frente a sus necesidades básicas, en un contexto donde los precios continúan en ascenso.
La situación de la canasta básica alimentaria, que determina el umbral de indigencia, también refleja el impacto de la inflación. En el primer trimestre de 2026, esta canasta experimentó un aumento del 11,6%, mientras que la canasta básica total, que se utiliza para definir la pobreza, se incrementó en un 9,6%. Aunque en abril los incrementos fueron más moderados, con alzas del 12,8% y 12,3% respectivamente, la presión inflacionaria sigue siendo un factor determinante en la calidad de vida de los ciudadanos.
Por otro lado, la jubilación mínima, que permanece congelada desde marzo de 2024, ha sufrido una caída real del 17,6% entre 2023 y 2026, lo que representa una merma significativa en el poder adquisitivo de los jubilados. En el mismo período, el haber sin bono perdió un 10,2%. Esta situación lleva a una reflexión urgente sobre la necesidad de políticas que aborden la problemática de la pobreza y la desigualdad, especialmente entre los sectores más vulnerables de la sociedad.
A medida que se avanza en el año, las proyecciones de pobreza también son preocupantes. Según el nowcast de la Universidad Torcuato Di Tella, el índice se sitúa en 29,2% para el semestre que abarca de noviembre de 2025 a abril de 2026, con un intervalo de confianza del 95% entre 27,7% y 30,6%. Esta información pone de manifiesto la urgencia de implementar medidas efectivas que contribuyan a mejorar la situación económica de millones de argentinos, que se ven atrapados en un ciclo de pobreza y precariedad, agravado por la inflación y la falta de oportunidades laborales.


