En el contexto actual, los hábitos de consumo de los argentinos han experimentado transformaciones significativas, impulsadas por la crisis económica y la pérdida de poder adquisitivo. Aunque el acto de comprar no ha cesado, los consumidores han optado por nuevas estrategias que reflejan un cambio estructural en la forma en que adquieren productos. La reducción en la frecuencia de visitas a los supermercados, la disminución del tamaño de las canastas de compra, la preferencia por marcas propias en lugar de las tradicionales y el regreso a los almacenes de barrio son algunas de las tendencias que se han consolidado en el último tiempo. Esta adaptación se ha convertido en una respuesta a las condiciones adversas del mercado y parece haber llegado para quedarse.
Los datos correspondientes al primer trimestre de 2026 revelan que el consumo masivo ha retrocedido un 5,1% en comparación con el mismo mes del año anterior, un indicador que refleja la difícil situación que atraviesan los hogares argentinos. La consultora Scentia ha reportado que el consumo acumulado en el primer trimestre se ha contraído en un 3,1%, mientras que el Indicador de Consumo de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) también señala una caída del 1,3% interanual en marzo y un descenso del 0,5% respecto al mes anterior. La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) respalda estos datos, indicando que las ventas minoristas de las pequeñas y medianas empresas han experimentado once meses consecutivos de descenso, alcanzando un 3,6% en el primer trimestre.
Este panorama desalentador se enmarca en un contexto de alta inflación, donde el Índice de Precios al Consumidor (IPC) ha acumulado un 9,4% en los primeros tres meses del año. Con incrementos mensuales que superan el 2% durante más de seis meses, la situación se vuelve insostenible para muchos hogares. En marzo, el valor promedio ponderado de los productos de consumo masivo se incrementó un 23,1% interanual, lo que resulta insuficiente frente al IPC que alcanzó un 32,6% en el mismo período. Esta discrepancia evidencia que el crecimiento nominal de la facturación, que se sitúa en un 20,4%, no es suficiente para contrarrestar el impacto de la inflación sobre los ingresos de los consumidores.
El análisis de Scentia sobre los diferentes canales de venta muestra que los supermercados de cadena han sufrido una caída del 5,4% en el primer trimestre y de un 7% en marzo. Los mayoristas, por su parte, han sido aún más afectados, con un descenso interanual del 8,8% en marzo y del 4,5% en el acumulado trimestral. Los autoservicios independientes y los kioscos tampoco escapan a esta tendencia, con bajas del 5,1% y 4,5% respectivamente. En este panorama negativo, el comercio electrónico se presenta como la única área que ha logrado crecer, registrando un aumento del 34,3% interanual en marzo y un 31,3% en el primer trimestre, lo que pone de manifiesto un cambio en las preferencias de compra de los consumidores.
Las disparidades geográficas también juegan un rol importante en esta dinámica de consumo. En el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), los comercios enfrentan mayores dificultades, mientras que aquellos ubicados en el interior del país parecen resistir de mejor manera a la crisis. Fuentes del sector alimentario han señalado caídas de entre el 4% y el 6% en supermercados y mayoristas, con una ligera mejoría en las ventas en el interior. En el rubro lácteo, el primer trimestre se mantuvo relativamente estable en términos de volumen, aunque con variaciones significativas según el canal y la región.
Por último, el análisis por categorías de productos revela que los sectores más impactados en marzo fueron los de limpieza de ropa y hogar, con una caída del 12% interanual, seguido por perecederos, desayuno y merienda, higiene y cosmética, y alimentación, que experimentaron descensos de 9,7%, 8,2%, 5% y 4% respectivamente. La única categoría que mostró un crecimiento fue la de bebidas alcohólicas, con un incremento del 2,6%. Estas cifras no solo evidencian la fuerte contracción del consumo, sino que también apuntan a un cambio en los hábitos de compra que podría perdurar en el tiempo, marcando una nueva era en la forma de consumir en Argentina.



