El escenario del crédito en Argentina está atravesando un momento crítico que trasciende el ámbito del endeudamiento familiar. Mientras que históricamente las líneas de financiamiento para empresas han mostrado una mayor estabilidad en su cumplimiento, la situación actual revela un aumento preocupante en la morosidad empresarial. Este fenómeno no solo afecta a las grandes corporaciones, que tradicionalmente han tenido acceso más fácil a financiamiento, sino que impacta de manera significativa en las pequeñas y medianas empresas (pymes), que son las más vulnerables en este contexto.
Según datos oficiales de diciembre de 2025, la tasa de créditos comerciales con problemas de pago se situó en el 2,7%, lo que representa un aumento de 0,2 puntos respecto al mes anterior. Esta cifra adquiere especial relevancia si se considera que, en diciembre de 2024, la morosidad se mantenía en un 0,8%. Este incremento en la morosidad se concentra en financiamientos que ya han sido catalogados como de riesgo medio o que enfrentan dificultades estructurales para su cancelación, reflejando una tendencia alarmante en el comportamiento del crédito corporativo.
El acceso al financiamiento en Argentina es notoriamente desigual. Un estudio del Banco Provincia revela que el 42% del total de préstamos está en manos de apenas el 0,3% de las sociedades registradas, que corresponden a las grandes empresas. Esto significa que el 58% del financiamiento restante debe ser compartido entre el 99,7% de las empresas que constituyen el tejido productivo del país. Esta concentración genera una disparidad que se traduce en niveles de morosidad muy diferentes entre los distintos tipos de empresas.
Las grandes corporaciones, que suelen contar con mejores herramientas de gestión de liquidez y un acceso más amplio a diversas fuentes de financiamiento, tienen un índice de morosidad de solo el 0,9%. En contraste, las pymes enfrentan una morosidad alarmante del 4%. Para este grupo, el crédito no se percibe como una oportunidad de inversión, sino como una necesidad básica para cubrir costos operativos. La imposibilidad de acceder a financiamiento adecuado y los altos costos financieros han llevado a muchas de estas pequeñas y medianas empresas a incumplir con sus obligaciones bancarias, poniendo en riesgo su funcionamiento diario.
Los especialistas advierten que las cifras globales de morosidad pueden diluir la gravedad de la situación, ya que la mayoría de las pymes se encuentran atravesando un panorama financiero crítico. La realidad es que muchas de ellas han estado luchando para mantenerse a flote en un entorno caracterizado por la falta de liquidez y el aumento de los costos operativos.
Al desglosar la morosidad por sectores, se observa que algunos rubros están más expuestos que otros. El sector de la construcción es uno de los más golpeados, sufriendo las consecuencias de la paralización de proyectos y el aumento constante de los precios de los materiales. Esto ha provocado que muchas empresas del rubro no puedan cumplir con sus obligaciones crediticias.
El comercio minorista también se encuentra en una situación complicada, con un consumo interno que no logra recuperarse. Muchos comercios han tenido que priorizar el pago de salarios y deudas con proveedores esenciales en detrimento de sus obligaciones con las entidades bancarias. En contraste, los sectores vinculados a la exportación, como la agroindustria, han mostrado un comportamiento más estable, aunque también enfrentan desafíos propios en un entorno económico incierto. En este contexto, es esencial que las autoridades analicen y tomen medidas para mejorar el acceso al crédito y mitigar el impacto que la morosidad está causando en el tejido empresarial del país.



