Las exportaciones de granos argentinos han alcanzado niveles históricos en el primer cuatrimestre de 2026, impulsadas por una demanda internacional creciente y la reconfiguración de los mercados debido al conflicto en Medio Oriente. Según estimaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el país podría alcanzar un envío récord de 40 millones de toneladas, lo que representa un aumento del 11% en comparación con el récord anterior. Este incremento en el volumen exportado se debe a una serie de factores, entre los que se destacan las condiciones climáticas adversas en otras regiones productoras y un aumento en la demanda desde Europa, afectada por las disrupciones comerciales generadas por la guerra que involucra a naciones como Estados Unidos, Irán e Israel.
La situación actual ha permitido que la producción agrícola argentina adopte un rol estratégico en el mercado internacional, llenando el vacío dejado por la escasez de oferta en Ucrania, la Unión Europea y Turquía. Este nuevo escenario ha posicionado a Argentina como un proveedor clave en un contexto donde la demanda se ha intensificado, convirtiéndose en un punto de referencia para los países que buscan asegurar su suministro de granos. La capacidad de adaptación del sector agrícola argentino ante adversidades externas es fundamental para comprender la magnitud de este fenómeno.
Es relevante mencionar que la Unión Europea representa el mercado más exigente a nivel global, ya que impone estrictas regulaciones fitosanitarias y estándares de calidad que actúan como un filtro para la entrada de productos. Con la implementación del “Pacto Verde”, que exige trazabilidad total y certificaciones de baja huella de carbono, las barreras de ingreso se han vuelto aún más rigurosas. Esta situación plantea un desafío adicional para los productores argentinos, quienes deben cumplir con estas normativas para acceder a este mercado tan competitivo.
La actual campaña 2025/26 ha estado marcada por el maíz, cuyos niveles de exportación han roto récords por segundo mes consecutivo. Entre marzo y abril, se estima que los embarques superarán los 10,3 millones de toneladas, lo que representa un aumento del 54% en comparación con el mismo período del año pasado y 3,7 millones más que el promedio de los últimos cinco años. Esta tendencia posiciona a Argentina como uno de los principales actores en el mercado global de maíz, incluso antes de que Brasil, con su “safrinha”, logre una plena integración al comercio internacional.
El impacto de estas exportaciones en la balanza comercial es significativo. La BCR proyecta que la liquidación de divisas podría alcanzar los USD 35.375 millones en 2026, lo que significa un incremento de USD 850 millones respecto a las estimaciones previas. Entre abril y diciembre, se espera que los ingresos por exportaciones agroindustriales sumen USD 29.600 millones, lo que subraya la importancia del sector agrícola en la generación de divisas, especialmente en un contexto donde el tipo de cambio mayorista ronda los $1.400 en el último mes.
Otro cultivo que ha destacado en este ciclo es el girasol, con una cosecha estimada en 7,3 millones de toneladas, un 30,4% más que la anterior, según la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP). Hasta ahora, se han cosechado 6,98 millones de toneladas y se espera que las exportaciones de semilla en bruto alcancen casi el millón de toneladas en el primer cuatrimestre, una situación inusual dado que históricamente se priorizan los subproductos industriales. La Comisión Europea ha confirmado que Argentina ha suministrado el 30,6% de sus importaciones de semilla de girasol, una cifra notable comparada con solo un 1% en 2025, y un 54% de la harina de girasol, más del doble que el año anterior. Los principales destinos de estas exportaciones son Bulgaria y Rumania, donde la demanda ha aumentado considerablemente debido a las circunstancias actuales del mercado.



