Un reciente estudio elaborado por el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas) de la Universidad Nacional de La Plata ha puesto bajo la lupa las cifras de pobreza divulgadas por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). El informe identifica tres factores fundamentales que, según los investigadores, han contribuido a una sobreestimación de la disminución de la pobreza entre 2023 y 2025. Aunque se reconoce que la pobreza ha disminuido, los datos sugieren que esta reducción es menor a la presentada oficialmente.

La tasa de pobreza en Argentina ha experimentado variaciones drásticas en un corto período, pasando del 41,7% en el segundo semestre de 2023 a un sorprendente 52,9% en el primer semestre de 2024, para luego descender nuevamente al 38,1% en el segundo semestre del mismo año y continuar su camino hacia el 31,6% en el primer semestre de 2025. Las fluctuaciones tan abruptas en las cifras suelen estar vinculadas a cambios significativos en el producto interno bruto, el empleo o el gasto público social. Sin embargo, el estudio señala que no parece haber ocurrido ningún cambio de tal magnitud que justifique esta variabilidad extrema en los datos.

El informe, elaborado por los investigadores Iván Albina, Leopoldo Tornarolli y Leonardo Gasparini, destaca que los métodos de medición del Indec pueden estar influenciados por factores metodológicos, especialmente en un contexto de alta inflación y ajustes en los precios relativos. Esto sugiere que las cifras podrían no reflejar con precisión la realidad económica que atraviesan los hogares argentinos. La investigación expone que un desfase temporal entre el período de referencia de los ingresos y el utilizado para valorar las canastas de pobreza podría estar distorsionando las cifras.

Uno de los puntos cruciales que aborda el Cedlas es la discrepancia temporal entre el mes en que se reportan los ingresos en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y el mes en que se valorizan las canastas de pobreza. Mientras que los ingresos suelen referirse al mes anterior a la entrevista, las canastas se ajustan a los precios del mes de la encuesta. Esta diferencia, que podría ser insignificante en períodos de baja inflación, se vuelve crítica en momentos de aceleración inflacionaria, como los que se vivieron entre finales de 2023 y principios de 2024.

Además, el informe señala que existe un subreporte en los ingresos reflejados en la EPH en comparación con los registros administrativos. Esto implica que parte de la disminución de la pobreza que se observa en las estadísticas oficiales podría deberse a una mayor captación de datos por parte de la encuesta, en lugar de una mejora real en las condiciones económicas de los hogares. Este aspecto es fundamental, ya que plantea dudas sobre la veracidad de las cifras presentadas por el Indec.

Finalmente, los investigadores también discuten la incorporación de patrones de consumo más recientes para determinar el valor de la línea de pobreza. A través de una reestimación del Coeficiente de Engel, basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017/2018, se busca ofrecer un panorama más ajustado a la realidad actual. Sin embargo, las implicancias de estos cambios metodológicos no solo afectan el nivel de pobreza, sino también la forma en que se percibe su evolución a lo largo del tiempo, lo que puede influir en las políticas públicas y en la percepción social sobre la situación económica de los argentinos.