La reciente publicación del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) por parte del INDEC anticipa un incremento del Producto Bruto Interno (PBI) del 3,48% interanual para diciembre de 2025. Sin embargo, detrás de esta cifra se ocultan matices que invitan a un análisis más profundo sobre la verdadera situación económica del país. Alrededor de 1,44 puntos porcentuales de este crecimiento se atribuyen a ajustes contables que, en el contexto actual, parecen más relacionados con una reducción del gasto y del crédito que con un verdadero repunte de la actividad productiva.

Desglosando estos números, encontramos que 0,92 puntos porcentuales provienen de la recaudación impositiva neta de subsidios, mientras que 0,52 puntos se asocian a los servicios de intermediación financiera. Si se eliminan estos elementos, el crecimiento ajustado se reduce a un modesto 2,04%. Además, la estructura del crecimiento revela debilidades, ya que el sector agropecuario, liderado por el trigo, solamente aporta cerca de 1,9 puntos, mientras que la industria, la construcción y la obra pública muestran signos de contracción, con una caída del empleo privado registrado de aproximadamente 0,5% para 2025.

Esta situación plantea interrogantes sobre la salud económica real del país. La estrategia del gobierno de recortar subsidios, junto con la disminución de la obra pública, ha tenido un impacto inmediato en las cuentas nacionales, impulsando artificialmente el PBI. Sin embargo, este crecimiento contable no se traduce en una mejora de la demanda agregada, que es crucial para fomentar la inversión y la producción. Así, aunque las cifras estadísticas puedan parecer alentadoras, la economía real enfrenta desafíos significativos que deben ser considerados con urgencia.