El secretario de Finanzas, Federico Furiase, enfrenta un reto crucial en abril: debe gestionar la renovación de vencimientos de deuda en pesos que ascienden a aproximadamente $19 billones. Este compromiso se desarrolla en un entorno donde el Gobierno argentino está impulsando una política de reducción de tasas de interés, lo que agrega una capa de complejidad a las negociaciones en curso. La magnitud de este desafío se traduce en unos 13.000 millones de dólares, posicionando a abril como uno de los meses con mayores exigencias financieras para el país.
De acuerdo a estimaciones del Adcap Grupo Financiero, los vencimientos de deuda podrían ascender hasta $30 billones, de los cuales la mayor parte corresponde a bonos de tasa fija, mientras que una menor proporción está en instrumentos dolarizados y CER. Por otro lado, el Centro de Estudios Económicos del Banco Provincia ha corroborado que los $19 billones en manos de privados son, de hecho, una cifra más precisa a considerar. Este contexto se vuelve aún más crítico si se consideran las expectativas de inflación, que han comenzado a afectar las decisiones del mercado desde el inicio del año.
Desde que comenzó el 2023, el mercado ha mostrado un creciente interés por los bonos atados a la inflación, en respuesta a una serie de datos sobre el Índice de Precios al Consumidor (IPC) que contradicen las afirmaciones del Gobierno sobre un proceso de desinflación. La inflación ha mantenido niveles superiores al 2% durante el último año, lo que aumenta la presión sobre el Ministerio de Economía. Si no se logra mantener la inflación por debajo del 1,5% en abril y mayo, se confirmará un año con tasas de inflación elevadas que afectan la confianza de los inversores.
En la última semana, el Grupo IEB reportó una significativa compresión en la curva de los LECAPs y BONCAPs, con tasas que rondan entre el 23% y el 30% nominal anual. Por su parte, los bonos CER han liderado el rendimiento con un 16,5% real en lo que va del año, aunque gran parte de la curva todavía se encuentra en terreno negativo en términos reales, incluso proyectando hasta 2026. Esto se debe a una demanda constante de cobertura contra la inflación, que se mantiene firme ante las sorpresas en los datos inflacionarios, lo que podría llevar a una compresión adicional de la curva si las condiciones actuales persisten.
Además, la tasa overnight se mantiene entre el 19% y el 20%, alineada con el mínimo establecido por el Banco Central de la República Argentina (BCRA). Las expectativas de una posible reducción en la tasa REPO están empezando a influir en la curva de rendimientos en pesos, mientras que la elevada liquidez del mercado continúa presionando a la baja las tasas de interés. Esto, a su vez, favorece la compresión de los rendimientos en toda la curva, lo que podría ser beneficioso para el Gobierno en su búsqueda de financiamiento.
Este lunes, el Ministerio de Economía anunciará la oferta de letras y bonos correspondientes al primer llamado del mes. Se anticipa que, además de las opciones tradicionales en pesos, se incluyan nuevos Bonar, que han demostrado ser un atractivo para los inversores. En el último llamado de marzo, el Gobierno logró captar alrededor de $11 billones, reportando un nivel de renovación de deuda del 138%, aunque desde la consultora 1816 se ha estimado que este porcentaje podría ser en realidad del 114%, lo que refleja la complejidad de la situación actual.
Las divergencias en las cifras de renovación se pueden atribuir a operaciones que el Tesoro Nacional habría llevado a cabo en el mercado secundario en días previos. En particular, se ha identificado una operación significativa sobre el bono ajustado por inflación TZX27 por aproximadamente $1,94 billones a valor de mercado, realizada bajo una modalidad T+1. Este movimiento coincide con una reducción en el stock circulante de ese título, evidenciando la estrategia del Gobierno para manejar su deuda en un entorno financiero tan desafiante.



