Lupe, una joven de 22 años, se ha convertido en un referente en la lucha por los derechos de los niños, abogando por su derecho a vivir plenamente su infancia. Desde su hogar en la provincia de Buenos Aires, Lupe ha fundado la organización "Volver", que busca garantizar que los chicos puedan disfrutar de actividades propias de su edad, sin las limitaciones que imponen las circunstancias socioeconómicas. Su historia comienza con su encuentro con Maia, una niña de siete años de Añatuya, un pequeño pueblo en Santiago del Estero, donde las realidades de vida son drásticamente diferentes.

A los siete años, Lupe era una niña privilegiada que asistía a un colegio privado y escribía cuentos, mientras que Maia no conocía las vocales y enfrentaba una vida marcada por la escasez. Sin embargo, el encuentro entre ambas niñas, años más tarde, revela una conexión profunda a pesar de las diferencias. A través de una simple conversación en la que descubren su amor compartido por el color rosa y la música de Tini Stoessel, la brecha que las separa parece desvanecerse. Este momento inspirador lleva a Lupe a reflexionar sobre las desigualdades que existen en su país y sobre su papel en el cambio.

De regreso a Buenos Aires, Lupe siente la urgencia de actuar. A pesar de la satisfacción que le proporcionó el viaje, una preocupación la asalta: ¿cómo evitar que la experiencia vivida se convierta en un recuerdo lejano? La joven teme que la indiferencia se apodere de ella y de su entorno, y que la sociedad se olvide de los niños que viven en situaciones desfavorables. Este pensamiento la motiva a iniciar un proyecto que trasciende su experiencia personal y busca generar un impacto duradero en la vida de los más pequeños.

Así nace "Volver", un espacio donde los niños pueden ser simplemente eso: niños. La organización reúne a un grupo de voluntarios que se dedican a realizar actividades recreativas y educativas en diferentes comunidades. En un hogar del barrio de Parque Chas, dirigido por una profesora del colegio, Lupe y su equipo implementan juegos y talleres que estimulan la creatividad y la diversión de los niños. Desde hacer pulseras con hilos encerados hasta jugar al fútbol, todo está orientado a brindarles un espacio seguro y divertido donde puedan explorar su infancia sin restricciones.

La pasión de Lupe por esta causa proviene de sus propias experiencias. Recuerda cómo, a los doce años, visitó una escuela en el Delta del Tigre y se confrontó con una realidad muy diferente a la suya. La vivencia de ver a niños que no podían acceder a su educación debido a las inundaciones le abrió los ojos a un mundo de desigualdad que desconocía. Para Lupe, es fundamental que las nuevas generaciones se conecten con realidades ajenas a las suyas, porque la ignorancia de la desigualdad puede perpetuar el ciclo de privilegios y marginación.

En sus propias palabras, Lupe enfatiza la importancia de que existan espacios de reflexión y acción que permitan a los jóvenes comprender las realidades de otros. Su compromiso no se limita a su comunidad, sino que busca inspirar a otros a involucrarse y tomar conciencia sobre las problemáticas que enfrentan muchos niños en Argentina. La historia de Lupe es un llamado a la acción y una invitación a construir un futuro donde todos los niños, sin importar su origen, puedan disfrutar de su infancia en plenitud.