El 19 de julio de 1966, en el mítico Ayresome Park de Middlesbrough, Inglaterra, se gestó una de las sorpresas más impactantes en la historia de los Mundiales de fútbol. En un encuentro que parecía destinado a ser una mera formalidad, Corea del Norte se enfrentó a Italia y logró un triunfo por 1-0, dejando a la selección italiana fuera del torneo en la fase de grupos. Este partido no solo marcó un hito en el deporte, sino que también transformó a un obrero de imprenta, Pak Doo-ik, en una leyenda, aunque no sin la intervención de la prensa que elevó su figura a la categoría de dentista, creando un mito que perduró por décadas.
La sorpresa de aquel partido se cimentó en un contexto político y social complejo. En un mundo dividido por la Guerra Fría, Corea del Norte llegó a la Copa del Mundo tras superar una fase de clasificación marcada por la escasez de equipos. Solo dos selecciones, Corea del Norte y Australia, lograron obtener un lugar en el torneo, después de un partido decisivo en Camboya que terminó con un abultado marcador de 9-2 a favor de los asiáticos. Este triunfo inicial fue solo el comienzo de una odisea que culminaría en un día que cambiaría para siempre el destino del fútbol italiano.
La llegada de Corea del Norte a Middlesbrough fue recibida con escepticismo. La ciudad, que atravesaba un período de declive industrial y había visto a su equipo local descender a la Tercera División, no esperaba que los jugadores norcoreanos pudieran despertar el interés de los locales. Sin embargo, el estilo de juego del equipo, caracterizado por una notable técnica y una cohesión sorprendente, logró cautivar a los habitantes de la ciudad. Uno de los residentes, recordando aquellos días, comentó que la habilidad de los jugadores, que eran notablemente más bajos que sus rivales, les permitió moverse con agilidad y precisión, lo que sorprendió a los aficionados británicos.
El camino de Corea del Norte en el torneo no fue fácil. En su debut, sufrieron una derrota contundente ante la Unión Soviética, cayendo 3-0. En su segundo partido, la situación parecía empeorar cuando se encontraban perdiendo 1-0 contra Chile, pero un gol de Pak Sung-jin en el último instante les permitió empatar, manteniendo viva la esperanza de avanzar. Este empate fue celebrado efusivamente por los aficionados locales, que empezaron a ver en los norcoreanos a un equipo digno de apoyo, un fenómeno que desconcertaba incluso a los propios jugadores, como lo admitió el defensor Rim Jung-son años después.
El partido decisivo contra Italia se presentó como un verdadero duelo de opuestos. Para los italianos, un empate les aseguraba el pase a la siguiente ronda, mientras que los norcoreanos necesitaban una victoria para continuar en el torneo. A medida que avanzaba el partido, la tensión aumentaba. La prensa italiana, que ya comenzaba a temer lo peor, no podía imaginar que su selección caería ante un equipo que consideraban inferior. El encuentro se convirtió en un campo de batalla en el que la determinación y el espíritu del equipo asiático se impusieron sobre las expectativas de los europeos.
El gol de Pak Doo-ik en el segundo tiempo fue un momento que resonó en la historia del fútbol. No solo significó la eliminación de Italia, sino que también desató una ola de emociones que llevaron a la creación de mitos y leyendas en torno a la figura del goleador. La prensa italiana, atónita, se vio obligada a buscar explicaciones para lo que consideraban una de las mayores vergüenzas en su historia futbolística. Así nació la historia del “dentista”, una figura que se consolidó en la narrativa del fútbol italiano, aunque la realidad de Pak Doo-ik como obrero de imprenta sería revelada años más tarde en un documental que desmitificó la historia.
En retrospectiva, el partido entre Corea del Norte e Italia no solo fue un resultado deportivo, sino un símbolo de cómo el fútbol puede desbordar fronteras y expectativas. La victoria de Corea del Norte ha sido recordada no solo como una hazaña deportiva, sino también como un momento que desafió las narrativas del poder y el éxito en el ámbito del deporte. A pesar de que han pasado décadas, aquel 19 de julio sigue siendo un recordatorio del potencial de las sorpresas en el mundo del fútbol, un deporte que a menudo se caracteriza por su capacidad para escribir historias inesperadas y memorables.



