La reciente celebración del 120° aniversario de la histórica carrera Recoleta-Tigre ha traído consigo una oleada de nostalgia y emoción para los aficionados al automovilismo en Argentina. Este icónico evento, que marca el hito de ser la primera competencia de automóviles en el país, tuvo lugar en un emblemático bar de Buenos Aires, donde se recrearon momentos memorables relacionados con figuras legendarias como Juan Manuel Fangio y los hermanos Oscar y Juan Gálvez. La cita se convirtió en un punto de encuentro para los amantes de las 'perlitas' del automovilismo, quienes pudieron disfrutar de una experiencia única que los transportó a una época dorada del deporte motor nacional.

El evento, organizado por el Club de Autos Clásicos (CAC), reunió a un total de 74 vehículos históricos, cifra récord para esta competencia que se ha consolidado como uno de los homenajes más significativos a la rica historia del automovilismo argentino. Cada uno de los autos participantes fue restaurado meticulosamente, mostrando un impresionante estado de conservación que permitió a los asistentes admirar auténticas joyas sobre ruedas. Entre los vehículos, destacó un Rochester a vapor de 1901, el más antiguo en participar, mientras que el primer puesto en la caravana fue ocupado por el emblemático Anasagasti, perteneciente al club organizador.

Este año también se presentó un Anasagasti de 1912, vinculado históricamente a Jorge Newbery, una figura prominente de la aviación argentina. La historia cuenta que Newbery condujo este automóvil en varias ocasiones y fue clave en la donación del vehículo a la Escuela Militar de Aviación, un evento que refleja la conexión entre el automovilismo y la historia aeronáutica del país. Anasagasti, un pionero argentino en la construcción de automóviles, fue el primero en llevar sus coches a competir en Europa en 1913, consolidando así su legado en el mundo del motor.

La carrera se desarrolló bajo un formato de regularidad, un sistema que prioriza la longevidad de los vehículos y se adapta a las características del área metropolitana de Buenos Aires. El sábado, los autos fueron exhibidos en la Avenida Quintana, donde miles de aficionados se congregaron para contemplar estas maravillas mecánicas. Al día siguiente, el desfile comenzó en la mañana, a pesar del frío, los asistentes no se dejaron intimidar y disfrutaron de un momento inolvidable en familia, donde la sorpresa de los más pequeños se unió a la melancolía de quienes vivieron la época dorada del automovilismo.

Es importante recordar que la competencia original de la Recoleta-Tigre tuvo lugar el 9 de diciembre de 1906, organizada por el recién formado Automóvil Club Argentino, que se había fundado dos años antes. Esta primera carrera se llevó a cabo en dos etapas, comenzando a mitad de camino entre Recoleta y Tigre, con una distancia total de 19,1 kilómetros. La crónica de aquella época, recopilada por el autor Alfredo Parga en su libro '100 años de Automovilismo Argentino', menciona que el resultado fue un empate, declarado entre un Darracq de 20 HP y un Spyker de 23/32 HP, ambos conducidos por competidores de renombre de la época.

La segunda etapa, conocida como la “Copa El País” y patrocinada por el diario homónimo, contempló el regreso a Recoleta y abarcó una distancia de 38,2 kilómetros. En esa ocasión, el piloto Marín se consagró como el ganador al volante de un Darracq de 40 HP, completando el recorrido en un tiempo impresionante de 28,3 minutos. Este tipo de eventos no solo celebran la historia del automovilismo argentino, sino que también sirven para revivir la pasión por los automóviles clásicos y fomentar un sentido de comunidad entre los entusiastas de este deporte.