Luis Rubén Di Palma se erige como uno de los más grandes exponentes del automovilismo argentino, acumulando a lo largo de su carrera un total de nueve campeonatos nacionales. Su carisma y destreza en la pista lo convirtieron en un ícono del deporte motor en el país. A lo largo de su trayectoria, también destacó por su capacidad para preparar sus propios autos en su taller ubicado en Arrecifes.
A principios de 1986, Di Palma se enfrentó a un desafío considerable tras perder el patrocinio de una empresa tabacalera que había revestido sus vehículos de un característico color dorado. Con recursos limitados, decidió competir en la temporada de TC 2000 con su Volkswagen 1500, un modelo que comenzaba a quedar obsoleto ante la llegada de nuevas cupés como la Ford Sierra XR4 y la Renault Fuego. Durante ese verano, trabajó incansablemente con su equipo, que contaba con un joven ingeniero de 22 años, Alberto Canapino, quien aportó ideas innovadoras y muchas ganas de triunfar.
Durante finales de los años 70 y principios de los 80, Di Palma había tenido una exitosa trayectoria con Volkswagen. Tras un período sin victorias, y luego de una separación de su preparador Miguel Deguidi, Canapino asumió la responsabilidad de preparar los motores de los Volkswagen de Di Palma y su hijo. El resultado fue inmediato, logrando un destacado sexto puesto en su primera carrera con un motor preparado por el joven ingeniero. Con el tiempo, ambos continuaron trabajando en la evolución del auto, adaptándose a las nuevas regulaciones y logrando un rendimiento notable en la pista, demostrando que la pasión y el talento pueden superar cualquier obstáculo en el camino hacia la gloria del automovilismo.


