Matías Lucuix se ha consolidado como una figura emblemática en el ámbito del futsal, tanto a nivel nacional como internacional. Su trayectoria está intrínsecamente vinculada a la selección argentina, donde ha dejado su huella tanto como jugador y, más recientemente, como director técnico. Originario de River Plate, Lucuix comenzó su carrera en el fútbol tradicional, pero rápidamente se abrió camino en el mundo del futsal, alcanzando su primer gran hito al unirse al Caja Segovia en 2007, a la joven edad de 21 años.

A lo largo de cuatro años en el Caja Segovia, Lucuix demostró su talento y habilidad, lo que le permitió captar la atención de uno de los clubes más prestigiosos del futsal mundial: el Inter Movistar. Este equipo, conocido por su éxito en la Liga Nacional de Fútbol Sala (LNFS) y en la Champions League, lo fichó para reforzar su plantilla en un momento clave de su carrera. Con un futuro prometedor por delante y el Mundial de Tailandia 2012 a la vista, la vida de Lucuix estaba en la cúspide de su carrera.

Sin embargo, el destino le tenía preparado un giro inesperado. Durante el tercer partido de la fase de grupos en el Mundial contra Australia, una desafortunada jugada cambió su vida. Al intentar recuperar el balón, se produjo una triple fractura en su peroné, consecuencia de la fuerza del choque con el jugador australiano Tobías Seeto. Esta grave lesión no solo lo mantuvo alejado de las canchas durante tres años, sino que también lo llevó a replantearse su futuro en el deporte.

Tras recuperarse, Lucuix decidió canalizar su pasión por el futsal hacia una nueva dirección: la dirección técnica. Comenzó su carrera como asistente en la selección argentina de futsal y, poco después, asumió el mando de la Sub 19. En 2018, su talento y dedicación lo llevaron a ser designado director técnico del equipo principal, un rol en el cual logró llevar al combinado albiceleste a instancias decisivas, incluyendo una final del Mundial y dos finales de la Copa América, de las cuales una se saldó en su favor.

En una reciente entrevista, Lucuix reflexionó sobre sus inicios en el futsal, destacando que comenzó a jugar a una edad temprana, influenciado por el entorno familiar y social. “Empezamos con el fútbol antes que con la educación. Siempre nacemos con una pelota”, comentó. Esta conexión temprana con el deporte fue fundamental en su desarrollo, permitiéndole disfrutar del juego mientras aprendía habilidades que más adelante serían cruciales en su carrera.

Al recordar sus primeros pasos en Tigre y en clubes de barrio de San Fernando, Lucuix enfatizó la importancia de una buena formación en las etapas iniciales. No solo se trataba de formar futuros jugadores, sino de cultivar un amor por el deporte que perdurara a lo largo de los años. “Los chicos lo viven como una parte lúdica, de entretenimiento, y eso es clave”, agregó, resaltando que el futsal ofrece herramientas valiosas para el crecimiento personal y deportivo.

A medida que avanza en su carrera como entrenador, Lucuix mantiene el sueño de conocer a Lionel Messi. Este anhelo refleja no solo su admiración por el jugador, sino también su deseo de seguir aprendiendo y creciendo en el deporte que ama. La historia de Matías Lucuix es un testimonio de resiliencia y pasión, mostrando que incluso los obstáculos pueden transformarse en nuevas oportunidades para brillar en el mundo del futsal.