La proximidad del Mundial 2026, que se llevará a cabo en Estados Unidos, México y Canadá, no solo despierta el entusiasmo por los partidos y el espectáculo deportivo, sino que también plantea un desafío menos visible pero igualmente significativo: la carga fiscal que deberán afrontar los futbolistas. Estos atletas, además de enfocarse en su rendimiento en el campo, deben prestar especial atención a sus obligaciones fiscales en las diferentes ciudades donde competirán, lo que podría complicar su experiencia durante el torneo más importante del fútbol mundial.

En territorio estadounidense, la normativa fiscal establece que los futbolistas extranjeros no residentes, clasificados como Non Resident Alien (NRA), están sujetos a impuestos sobre los ingresos generados durante su participación en la Copa del Mundo. Según las estimaciones de especialistas en contabilidad y asesoría empresarial, los jugadores deberán abonar impuestos sobre las ganancias obtenidas en Estados Unidos, lo que añade una capa adicional de complejidad a su ya intensa preparación para el torneo.

Es importante destacar que el impuesto que afecta a los deportistas no aparece como una sección formal dentro del Código de Rentas Internas del país, sino que se enmarca en una serie de normativas que permiten a las autoridades fiscales estatales y locales gravar a los trabajadores no residentes. Aunque este tributo se aplica de manera general, su impacto es especialmente notable en el caso de los deportistas profesionales, quienes frecuentemente compiten en jurisdicciones que difieren de su lugar de residencia habitual y, en muchos casos, reciben ingresos millonarios por su desempeño.

El cálculo de estos impuestos es un proceso que depende de los días que el jugador pase en una jurisdicción específica. Cada día de servicio, ya sea por entrenamiento, práctica o competencia, se contabiliza para determinar el coeficiente que se aplicará al salario anual del futbolista. Cuantos más días pasen en una determinada localidad, mayor será la proporción de sus ingresos que se considerará imponible en esa jurisdicción. Este sistema, aunque complicado, busca asegurar que los deportistas contribuyan equitativamente en cada lugar donde generan ingresos.

Es relevante mencionar que, además de los salarios, los futbolistas deberán tener en cuenta otros tipos de ingresos, tales como los honorarios por participación, primas, premios, patrocinios y derechos de imagen, todos ellos relacionados directamente con su actuación en el Mundial. Por lo tanto, los jugadores deberán presentar una declaración de impuestos a nivel federal en Estados Unidos para cumplir con sus obligaciones fiscales, lo que podría llevar a un proceso burocrático extenso en medio de la competencia.

Para los deportistas extranjeros, existen normas especiales de retención que regulan los pagos que reciben durante el evento. Generalmente, se aplica una retención de impuestos a las tasas legales, que varían según el tipo de servicio prestado. Sin embargo, Estados Unidos ha establecido convenios fiscales con muchos de los países que enviarán representantes al Mundial, con el objetivo de mitigar el riesgo de doble imposición. Estos acuerdos pueden ofrecer ventajas a los jugadores, tales como exenciones sobre ingresos por apariciones breves en territorio estadounidense, lo que podría resultar beneficioso en el contexto del torneo.

En conclusión, mientras los futbolistas se preparan para brillar en el Mundial 2026, también deberán navegar por un laberinto fiscal que podría afectar tanto su economía personal como su desempeño en la cancha. La intersección entre el deporte y la fiscalidad es un aspecto que, aunque a menudo se pasa por alto, es crucial para entender la complejidad de ser un atleta profesional en un evento de tal magnitud. La gestión adecuada de estos temas fiscales será esencial para que los jugadores puedan concentrarse plenamente en el desafío deportivo que se avecina.