Marko Arnautovic, a sus 37 años, se ha posicionado como el goleador más longevo de la selección austríaca en la historia de los Mundiales. Con un recorrido futbolístico que va más allá de las cifras y estadísticas, el delantero del Estrella Roja de Belgrado se enfrenta a la selección argentina con la pesada carga de su trayectoria, que incluye un papel fundamental en la clasificación de Austria a este torneo luego de una larga ausencia desde 1998.
Nacido en el barrio de Floridsdorf, en Viena, el 19 de abril de 1989, Arnautovic ha recorrido un vasto camino a través de equipos en toda Europa y una experiencia en el fútbol chino. Su carrera ha abarcado clubes como Twente, Werder Bremen, Stoke City, West Ham, Shanghai SIPG, Bologna y dos etapas en el Inter de Milán. Cada uno de estos equipos ha contribuido a forjar su identidad futbolística, llevando a Arnautovic a convertirse en un delantero potente, tanto por su imponente estatura de 192 centímetros como por su habilidad técnica, poco común en jugadores de su tamaño.
Su debut en la Copa del Mundo ante Jordania fue un claro reflejo de su capacidad para marcar la diferencia en momentos cruciales. Ingresó al campo en el segundo tiempo con su equipo ganando 1-0, pero sin mostrar un ataque contundente, y rápidamente se convirtió en el jugador clave que selló el triunfo 3-1. Aunque tuvo un gol anulado, no tardó en convertir un penal que sentenció el partido, además de establecer nuevos récords: se convirtió en el jugador más viejo de Austria en participar en Mundiales, superando a Michael Konsel, y en el máximo anotador de mayor edad en la historia del seleccionado.
A pesar de sus logros individuales, Arnautovic se muestra indiferente a los récords. En declaraciones posteriores al partido, manifestó que su principal objetivo es contribuir al éxito del equipo en su último torneo internacional. También se mostró sincero respecto a su rol como suplente, admitiendo que no es agradable estar en el banco, aunque reconoció el esfuerzo de su compañero Kalajdzic, quien regresó de lesiones importantes.
Su trayectoria en el Inter de Milán es un capítulo interesante en su historia. En su primera etapa, durante la temporada 2009/10, tuvo un papel casi insignificante en términos de minutos jugados, con solo tres partidos y 55 minutos en el campo. Sin embargo, fue parte del equipo que conquistó la UEFA Champions League tras una emocionante final contra el Bayern de Múnich, dirigida por José Mourinho en el Santiago Bernabéu.
La celebración de esa victoria es un anécdota que Arnautovic recuerda con humor. Relata cómo, en medio de la euforia, bajó del graderío al campo de juego, arrojando su acreditación por la emoción, lo que le valió ser detenido en dos ocasiones por la policía, que no lo reconocía como jugador del equipo. “Estaba en la grada y bajé porque habíamos ganado. No sé dónde tiré la acreditación”, contó en una ocasión, ilustrando su carácter desenfadado y su amor por el juego.
La historia de Marko Arnautovic es la de un futbolista que, más allá de los números, ha dejado una huella imborrable en el fútbol austríaco. Con su regreso a la escena internacional y su papel de líder en el equipo, se enfrenta a nuevos retos que, sin duda, enriquecerán aún más su ya notable legado en el deporte.



