En el marco del aniversario de la Revolución de Mayo, el destacado historiador Daniel Balmaceda presentó una perspectiva innovadora sobre los líderes de este movimiento crucial en la historia argentina. En una entrevista reciente, Balmaceda expuso su tesis sobre la construcción de la identidad nacional, señalando que a lo largo de los últimos 200 años, las divisiones han sido una constante en la historia argentina. A través de un ejercicio lúdico, el historiador propuso armar una alineación futbolística de la Primera Junta, comparando a sus integrantes con figuras del fútbol argentino.
Durante su conversación con un grupo de periodistas, Balmaceda trazó el origen de los clivajes políticos y sociales en Argentina, remontándose al siglo XVII. Detalló cómo la diferencia entre españoles y criollos ya comenzaba a generar tensiones en la sociedad de esa época. "Desde esos primeros momentos, se vislumbraba una fragmentación que después se agudizaría, llegando hasta nuestros días", comentó. Este análisis pone en contexto cómo, a pesar de la independencia, las rivalidades internas ya estaban enraizadas en la cultura argentina.
El historiador también reflexionó sobre cómo la geografía del país contribuyó a estas divisiones. "La diversidad de realidades regionales complicó la toma de decisiones en un contexto ya de por sí complejo", explicó. Mencionó que incluso en ceremonias significativas, como la organización del Tedeum por parte de la Primera Junta, se manifestaban estas fracturas, evidenciando que los problemas no solo eran políticos, sino también ceremoniales.
Balmaceda identificó dos bandos principales en los días previos al 25 de mayo: los Juntistas y los Carlotistas. Los primeros apoyaban la legitimidad de las juntas de España, mientras que los Carlotistas, entre los que se encontraban figuras como Belgrano y Castelli, rechazaban esta representación y apoyaban una conexión más directa con la realeza. Este contexto revela la complejidad de la situación política en la que se encontraba el país, donde las lealtades estaban profundamente divididas.
Las tensiones no solo se limitaban al exterior, sino que también afectaban las relaciones dentro de la propia Primera Junta. Balmaceda relató un episodio en el que Mariano Moreno fue excluido de una celebración organizada por Saavedra, lo que refleja la naturaleza conflictiva de las interacciones entre estos líderes. "Esa falta de comunicación y de invitación muestra cómo las disputas personales podían influir en decisiones históricas", subrayó el historiador.
A pesar de las divisiones históricas, Balmaceda también destacó momentos de unidad en la memoria colectiva de los argentinos. "Cuando se menciona Malvinas o se canta el himno, hay una conexión que trasciende las diferencias", afirmó. Este reconocimiento de momentos de unión es crucial para entender cómo, a pesar de los conflictos, hay elementos que logran aglutinar a la sociedad. En relación con la conmemoración de feriados, el historiador se mostró crítico, argumentando que la actual interpretación de estos días festivos ha perdido su sentido de memoria histórica y se ha convertido en una oportunidad para el descanso más que para la reflexión.
Finalmente, Balmaceda compartió una curiosa anécdota sobre la tradición de cantar el himno en las escuelas, recordando que en 1938 se propuso que todos los estudiantes del país lo hicieran al unísono el 25 de mayo. Esta idea, que encontró similitudes en Escocia, pone de relieve la importancia de la memoria colectiva y la necesidad de construir un sentido de pertenencia a través de la historia compartida. En un momento final, Balmaceda asignó posiciones futbolísticas a los miembros de la Primera Junta, comenzando con Mariano Moreno, a quien describió como un "cinco aguerrido" que organizaba el juego, comparándolo con un Mascherano del pasado.
Este ejercicio no solo aporta una mirada fresca sobre la historia, sino que también conecta la pasión nacional por el fútbol con los aspectos más profundos de la identidad argentina. A través de esta analogía, Balmaceda invita a reflexionar sobre cómo los próceres de la Revolución de Mayo, más allá de su papel político, también pueden ser vistos como figuras emblemáticas que representan las luchas y aspiraciones de un pueblo en constante búsqueda de su identidad.



