La reciente visita de la Reina Letizia y el Rey Felipe VI al Vaticano ha sido un evento que ha captado la atención mediática, no solo por el carácter de la reunión, sino también por la elección de vestimenta de la Reina. En un contexto en el que se formalizó el título de Protocanónigo de la Basílica de Santa María la Mayor para el Rey, el encuentro con el Papa León XIV se convirtió en uno de los momentos más destacados del viaje real, programado entre el 6 y el 12 de julio. Este viaje incluye una serie de actos que se desarrollarán en diversas ciudades españolas como Madrid, Barcelona y las Islas Canarias, lo que resalta la importancia de esta visita en el marco de las relaciones entre la monarquía española y la Santa Sede.
En esta ocasión, la Reina Letizia decidió romper con el protocolo tradicional al no usar la mantilla, un elemento que históricamente ha sido símbolo de respeto y solemnidad en las audiencias papales. En su lugar, optó por un vestido blanco de diseño contemporáneo, confeccionado en tweed y con un corte midi que le otorgó una apariencia elegante y sofisticada. Este vestido, que no había sido visto anteriormente, se caracteriza por su cuello redondo y la cintura ceñida, lo que lo convierte en una elección moderna que se aleja de los cánones más conservadores del vestuario real en el Vaticano.
La elección de un atuendo blanco, además, es significativa en el contexto de lo que se conoce como el “privilegio blanco”, una prerrogativa que permite a ciertas mujeres pertenecientes a casas reales de tradición católica vestir de este color en presencia del Papa. Entre las mujeres que han gozado de este privilegio se encuentran no solo la Reina Letizia, sino también otras figuras de la realeza europea como la Reina Sofía de España y las Reinas de Bélgica y Mónaco. Esta decisión de la Reina, al no seguir el protocolo habitual que demanda el uso de colores oscuros, ha generado un debate sobre la evolución de las tradiciones en la monarquía y su adaptación a los tiempos actuales.
En cuanto a los complementos, Letizia eligió accesorios de la firma Magrit, en un tono cámel que realzó su atuendo. Los zapatos tipo kitten-heel y el bolso rectangular de asa corta se complementaron con pendientes de diamantes y perlas australianas, que aportaron un toque de sofisticación y glamour a su presentación. Sin embargo, lo que más llamó la atención fue la decisión de no llevar la mantilla, algo que generó revuelo en los círculos de moda y protocolo, ya que este accesorio es considerado un elemento imprescindible en las ceremonias del Vaticano.
El encuentro entre la Reina y el Papa León XIV, que tuvo lugar en la biblioteca personal del Pontífice, marcó el segundo acercamiento oficial entre ambos desde la misa inaugural del actual Papa en mayo de 2025. Este tipo de audiencias no solo simbolizan el respeto y la relación entre la monarquía española y la Iglesia Católica, sino que también refuerzan la conexión histórica que existe entre España y la Basílica de Santa María la Mayor, una de las cuatro basílicas mayores de Roma. La distinción otorgada al Rey Felipe VI busca fortalecer aún más este vínculo histórico, subrayando la relevancia de la monarquía en el panorama religioso y cultural de España.
Este viaje y las decisiones estilísticas de la Reina Letizia se inscriben en un contexto más amplio de modernización de la monarquía, donde se busca crear una imagen más accesible y contemporánea. Las elecciones de vestuario y protocolo son reflejos de un cambio de paradigma en la realeza, donde se equilibran las tradiciones con una imagen más fresca y adaptada a los tiempos actuales. En definitiva, la visita al Vaticano no solo ha sido un acontecimiento religioso, sino también un momento de reflexión sobre el papel de la monarquía y su relación con la modernidad.



