El relato de José Manuel Durand Laguna, conocido como "el Negro", es uno de esos episodios que enmarcan la rica historia del fútbol argentino. Nacido en Salta y con un futuro prometedor en el ámbito del deporte, Laguna no solo tuvo que lidiar con la presión de ser un goleador nato, sino que su debut con la Selección Argentina se dio en circunstancias inusuales. Mientras el equipo se preparaba para enfrentar a Brasil el 10 de julio de 1916, en el estadio de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, Laguna se encontraba entre los 15.000 espectadores que llenaban las gradas, listo para alentar a su equipo.
En aquellos años, el fútbol argentino aún estaba en sus etapas iniciales y el amateurismo predominaba en el deporte. Alberto Ohaco, el destacado goleador de la Selección que ya había anotado 244 goles en 278 partidos con Racing, tenía compromisos laborales que le impedían llegar a tiempo para el crucial encuentro. Ante la posibilidad de salir a la cancha con un jugador menos, los dirigentes de la Asociación Argentina de Football se encontraron ante un dilema. Sin embargo, la solución parecía a la vista gracias a una brillante idea de Pedro Martínez, jugador del Huracán, quien recordó que su compañero estaba entre el público.
Martínez se acercó al cuerpo técnico y propuso que buscaran a Laguna, un jugador que, a pesar de nunca haber sido convocado oficialmente, había demostrado su valía en el campo. Cuando lo encontraron en su asiento, vestido con un traje formal, el ambiente se tornó más esperanzador. Laguna, quien había tenido una trayectoria interesante en Huracán, había comenzado su vínculo con el club como presidente antes de dar el salto a la cancha. Su experiencia y conocimiento del club lo hacían un candidato ideal para cubrir la inesperada ausencia de Ohaco.
La carrera de Laguna en Huracán es un testimonio de su dedicación al deporte. Como presidente del club, firmó la primera acta de la institución y fue clave en la llegada del ingeniero Jorge Newbery, quien aportó recursos al club y ayudó a definir la identidad del equipo. La camiseta blanca con el logo del globo aerostático, que se convirtió en el símbolo del Huracán, fue una de sus propuestas más destacadas. Sin embargo, fue en el campo de juego donde realmente dejó su huella, siendo un goleador incansable y un jugador astuto que sabía aprovechar cada oportunidad.
La anécdota de su debut en la Selección es emblemática no solo por las circunstancias que lo rodearon, sino también por el carácter improvisado del fútbol de la época. Con un estilo pícaro y rápido en la cancha, Laguna se convirtió en un símbolo de perseverancia y adaptabilidad. La historia cuenta que, durante su tiempo en Nacional de Floresta, incluso pagaba a niños para que lo alentaran, lo que pone en evidencia su carisma y su astucia para ganarse el cariño del público.
El 10 de julio de 1916, tras bajar de la tribuna y cambiarse rápidamente, Laguna entró al campo como un héroe inesperado. Su debut, que parecía un mero accidente, se transformó en un momento memorable para su carrera y para la historia del fútbol argentino. La figura de Laguna, que había sido presidente y luego goleador, simboliza el espíritu del fútbol en sus inicios, donde cada partido era una aventura y cada jugador tenía la posibilidad de convertirse en leyenda.
A medida que el tiempo avanza, la historia de José Manuel Durand Laguna sigue siendo un recordatorio de cómo el fútbol puede unir a las personas. Su trayectoria refleja no solo la pasión por el deporte, sino también la capacidad de adaptarse a situaciones imprevistas. Hoy, su legado perdura en la memoria colectiva del fútbol argentino, inspirando a futuras generaciones de jugadores y aficionados a seguir sus pasos, recordando siempre que a veces, la oportunidad llega de la manera más inesperada.



