La situación que atraviesa la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) se ha convertido en un punto de tensión que pone a prueba la integridad del sistema judicial y político del país. La indagación penal económica que involucra a la AFA no es un hecho aislado, sino que refleja un conflicto profundo entre distintos poderes. En este escenario, se enfrenta la capacidad de las instituciones para ejercer su autoridad ante la posibilidad de influencias que buscan eludir la aplicación de la ley.
En el centro del conflicto se encuentra Claudio “Chiqui” Tapia, presidente de la AFA, y otros miembros de la cúpula directiva, quienes están bajo la lupa debido a una denuncia presentada por el organismo ARCA. La acusación se basa en la supuesta apropiación indebida de más de 19.353 millones de pesos en concepto de retenciones impositivas y contribuciones a la seguridad social de los ejercicios fiscales 2024 y 2025. La gravedad del caso reside en que, si se comprueba la imputación, se trataría de un delito penal y no de una mera falta administrativa.
Desde la perspectiva legal, el caso se inscribe en el marco del Régimen Penal Tributario, que regula a todos los agentes de retención. La clave del asunto radica en establecer si existieron obligaciones fiscales que no fueron cumplidas y si hubo intenciones dolosas detrás de la omisión de ingreso de esos fondos al fisco. La discusión principal se centra en determinar cuándo las obligaciones se tornaron exigibles y si efectivamente se configuró una mora con relevancia penal. El juez Diego Amarante ha citado a declaración indagatoria a los directivos implicados y ha impuesto restricciones de salida del país para asegurar su presencia en el proceso, aunque ha permitido excepciones, destacando el principio de proporcionalidad en las medidas de coerción.



