Just Fontaine, un nombre que resuena con fuerza en la historia del fútbol, logró lo que muchos consideran un hito casi inalcanzable: anotó 13 goles en tan solo seis partidos durante el Mundial de Suecia de 1958. Este récord, que perdura casi siete décadas, se ha convertido en el objetivo de Lionel Messi, quien, con la mirada puesta en la Copa del Mundo 2026, ya ha marcado cinco tantos en dos encuentros. La posibilidad de que Messi iguale o supere esta marca histórica añade un nuevo nivel de expectativa al próximo torneo, que se llevará a cabo en Estados Unidos, México y Canadá.

A pesar de las adversidades que enfrentó, Fontaine dejó una huella imborrable en el fútbol mundial. Su llegada al Mundial fue marcada por la precariedad: llegó a Suecia con una reciente lesión en la rodilla y, para complicar aún más su situación, sin sus propios botines. En un gesto solidario, uno de sus compañeros le prestó su calzado, y desde ese momento, el delantero nacido en Marrakech comenzó una racha goleadora que lo catapultaría al estrellato, aunque su camino no había comenzado con grandes expectativas.

El primer encuentro de Fontaine en el torneo fue ante Paraguay, donde Francia se impuso con un contundente 7-3. Fontaine, con tres goles a su nombre, dejó claro desde el principio que estaba destinado a marcar una época. A medida que avanzaba la fase de grupos, sus estadísticas continuaban impresionando: anotó un gol en la derrota ante Yugoslavia y otro en el triunfo frente a Escocia, lo que permitió a Francia avanzar a la siguiente ronda con un total de cinco goles en tres partidos. Su capacidad para anotar generó un asombro palpable entre sus compañeros y rivales, quienes no podían detener su racha.

El partido de cuartos de final contra Irlanda del Norte fue otro ejemplo del talento de Fontaine, quien anotó en la victoria 4-0, consolidando aún más su estatus de estrella. Sin embargo, la semifinal contra Brasil representó el único tropiezo en su camino. A pesar de que logró marcar un gol, Francia fue derrotada 5-2 por el equipo que eventualmente se coronaría campeón, con el joven Pelé brillando en el campo. Aun así, Fontaine había alcanzado la impresionante cifra de nueve goles en cinco encuentros, un registro sin precedentes en la historia de los Mundiales.

El partido por el tercer puesto contra Alemania Occidental se convirtió en el escenario donde Fontaine solidificó su leyenda. Con una actuación deslumbrante, anotó cuatro goles en una victoria de 6-3, cerrando su participación en el torneo con un total de 13 goles en seis partidos. Este promedio de 2,17 goles por partido es un dato que, a la luz de la competencia internacional, resulta difícil de igualar, particularmente considerando que se dio en un contexto de alta presión y adversidad.

El récord de Fontaine como máximo goleador de la historia de los Mundiales duró 16 años, hasta que el alemán Gerd Müller lo superó en 1974. Sin embargo, su marca de 13 goles en una sola edición permanece imbatible, un testimonio de su excepcional talento y determinación. A medida que Messi se prepara para su próxima aventura mundialista, la historia de Fontaine continúa inspirando a generaciones de futbolistas y aficionados, recordándonos que en el fútbol, como en la vida, los desafíos pueden superarse con esfuerzo y dedicación.