En una reciente conferencia de prensa, Iñigo Pérez, director técnico del Rayo Vallecano, expresó su profunda desazón tras la derrota sufrida en la final de la Liga Conferencia ante el Crystal Palace de Inglaterra. El encuentro, disputado en Leipzig, Alemania, culminó con un gol del delantero francés Jean-Philippe Mateta, que selló el destino del partido a los 49 minutos. Esta derrota fue especialmente amarga, ya que representaba la primera final continental en los 102 años de historia del club, una oportunidad que muchos esperaban con gran ilusión.
Pérez no ocultó sus sentimientos, describiendo su estado emocional como un cóctel de "dolor, rabia y tristeza". En sus palabras, se evidenció la frustración por no haber podido alcanzar un hito que habría marcado un antes y un después para la entidad. "La sensación de perder es devastadora, sobre todo al ver a los hinchas llorar. Ellos son el alma del club, y su sufrimiento se siente como propio", comentó el entrenador, visiblemente afectado por el resultado.
A pesar de la derrota, Iñigo Pérez se mostró decidido a sobreponerse a este episodio. "La ambición no se mide solo en palabras, sino en acciones. Estos jugadores han demostrado su potencial y espero que esta ocasión perdida sirva como impulso para futuros desafíos", reflexionó. Con apenas 38 años, el técnico navarro enfrentaba su primer gran evento como entrenador, lo cual añade un componente de aprendizaje a esta experiencia.
En medio de la tristeza, Pérez también ofreció una perspectiva sobre el aprendizaje que trae consigo el deporte. Afirmó que la edad es solo un número y que, como entrenadores jóvenes, deben aprender a lidiar con situaciones complejas. "Es fundamental apoyarse en referentes y aprender de aquellos que han estado en esta posición antes", indicó, dejando claro que el proceso de crecimiento es continuo.
El entrenador reveló que, para él, la experiencia de esta final es algo que posiblemente no vuelva a vivir. Sin embargo, enfatizó que la derrota no implica aceptar el fracaso, sino que comprende la necesidad de mejorar. "Siento que el rival fue superior y no nos permitió mostrar nuestras cualidades. En una final, el que marca primero suele llevar la ventaja, y aunque no tengo resentimientos, sí estoy orgulloso de cómo se desempeñaron mis jugadores", aseguró Pérez.
Reflexionando sobre la conexión con la afición, el técnico destacó que el dolor de la derrota se intensifica al observar las caras de los hinchas. "Es difícil mantener la compostura cuando ves su desilusión. Ellos son el verdadero motor que mantiene al Rayo en pie, y su sufrimiento es un recordatorio constante de la importancia de nuestro trabajo", confesó, dejando entrever el fuerte vínculo que tiene con la comunidad.
Finalmente, Iñigo Pérez cerró su intervención manifestando su deseo de no solo ser recordado por una derrota. "La oportunidad de celebrar un triunfo se ha esfumado, pero estoy convencido de que no hemos perdido la ocasión de demostrar nuestro compromiso con esta profesión. Cada día es una nueva oportunidad para seguir aprendiendo y creciendo, y eso es lo que realmente importa en este camino", concluyó el entrenador, dejando un mensaje de esperanza y resiliencia para el futuro del Rayo Vallecano.



