El reciente Superclásico entre River Plate y Boca Juniors ha dejado una estela de polémica que tiene como principal protagonista a Héctor Paletta, el árbitro encargado de supervisar el VAR. Su actuación ha sido objeto de críticas por no convocar al árbitro principal, Darío Herrera, para revisar una jugada crucial en los minutos finales del partido. Este episodio involucra un empujón de Lautaro Blanco sobre Lucas Martínez Quarta dentro del área, que, según expertos en arbitraje como Javier Castrilli, merecía ser sancionado como penal. La decisión de Paletta ha desatado una ola de indignación, particularmente entre los simpatizantes de River, quienes consideran que la falta no fue juzgada con la misma rigurosidad que se aplicó en una jugada anterior, donde Herrera cobró una falta similar a favor de Boca Juniors.
En la conferencia de prensa posterior al partido, el director técnico de River, Eduardo Coudet, no dudó en expresar su descontento. Recordó cómo minutos antes de la jugada polémica, se había sancionado una infracción a favor de Boca, lo que ha aumentado la percepción de una posible falta de imparcialidad en la aplicación del reglamento. Los ecos de esta frustración resonaban en los pasillos del Estadio Monumental, donde se escuchaba el rumor de que Paletta podría estar vinculado a figuras influyentes de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), como Claudio Tapia y Pablo Toviggino. Esta percepción ha alimentado la suspicacia en torno a la integridad del sistema arbitral, especialmente en un partido de tal magnitud.
El descontento de los hinchas de River no es un fenómeno aislado. Desde que se anunció que Paletta estaría a cargo del VAR, los aficionados habían expresado su preocupación a través de redes sociales y foros. Esto no es sorprendente, dado que el árbitro ya había sido objeto de controversias en el pasado, lo que ha llevado a algunos a cuestionar su imparcialidad en el manejo de situaciones críticas durante los partidos. En particular, su relación con Boca Juniors no es un detalle menor: su hermano, Gabriel Paletta, es un exjugador del club y ha declarado abiertamente su afinidad por la institución, lo que ha alimentado aún más las dudas sobre su objetividad.
La controversia no se limita únicamente a este Superclásico. En el partido del año anterior entre ambos equipos, Paletta también fue criticado por no intervenir en varias jugadas que podrían haber resultado en expulsiones para los jugadores de Boca. Acciones como el escupitajo de Marcos Rojo a Colidio y otros incidentes violentos no fueron sancionados, lo que generó un clima de desconfianza hacia las decisiones arbitrales en partidos de alta tensión como estos. La acumulación de situaciones polémicas en las que el árbitro ha estado involucrado ha creado un clima de desconfianza que se extiende más allá de un solo encuentro.
Además, en el inicio del actual torneo Apertura, Paletta volvió a estar en el ojo de la tormenta tras un partido entre Barracas Central y River Plate, donde no sancionó una mano clara del defensor Gastón Campi que podría haber significado un penal a favor de River. Esta falta de acción ha puesto en tela de juicio la efectividad del VAR en el fútbol argentino y la capacidad de los árbitros para tomar decisiones justas y coherentes. La falta de una revisión en situaciones evidentes refuerza la percepción de que existe una falta de uniformidad en la aplicación de las reglas del juego.
Con todo este trasfondo, Paletta se ha convertido en un símbolo de un sistema arbitral que, según varios analistas, parece operar bajo consideraciones que van más allá de la simple aplicación de la ley del juego. La percepción de que las decisiones arbitrales pueden estar influenciadas por relaciones personales o la cercanía a ciertos clubes añade una capa de complejidad y desconfianza al espectáculo del fútbol argentino. A medida que avanzan los torneos, será interesante observar cómo se desarrolla esta situación y si se tomarán medidas para restaurar la credibilidad del arbitraje en el país.



