Este martes, Fernando Belasteguín, reconocido como el mejor jugador de pádel de la historia, celebró su cumpleaños número 47. Con una trayectoria que incluye 16 años como número uno del mundo y 230 títulos en su haber, Belasteguín ha dejado una huella indeleble en el deporte. En su reciente visita a Argentina por motivos comerciales, el destacado atleta compartió sus reflexiones sobre el pádel, su evolución y la pasión que ha despertado nuevamente entre los aficionados.
Tras su retiro de la competencia profesional a fines de 2024, Belasteguín ha establecido su residencia en España, pero su corazón sigue ligado a Argentina, un país que ha sido fundamental en su carrera. Durante su estancia, anunció la inauguración del primer Bela Pádel Center en el país, un proyecto ambicioso que tiene como objetivo fomentar el crecimiento del pádel a nivel local. Con más de 77.000 canchas en todo el mundo y una creciente popularidad en Europa, Medio Oriente y América Latina, el pádel se está consolidando como un fenómeno global.
En el contexto argentino, el pádel cuenta con más de 7.000 canchas y se sitúa como uno de los países con mayor desarrollo en esta disciplina. Belasteguín, originario de Pehuajó, recordó cómo su pueblo dio sus primeros pasos en el pádel en 1989, marcando el inicio de una pasión que transformó su vida. “Era hacer deporte o estar fumando en una plaza”, rememoró, destacando que el pádel le brindó una oportunidad que ha valorado profundamente a lo largo de su carrera.
Al ser consultado sobre los secretos de su éxito, Belasteguín subrayó la importancia de sus compañeros de juego y su dedicación casi obsesiva al entrenamiento. “Nunca disfruté absolutamente nada”, confesó, refiriéndose a su enfoque en la mejora continua y la búsqueda de la perfección. Sin embargo, al mirar hacia atrás, expresó su satisfacción no solo por su propia trayectoria, sino también por el crecimiento del pádel como deporte.
La resurrección del pádel en tiempos recientes ha sorprendido a muchos, y Belasteguín atribuye este fenómeno a varios factores, destacando la pandemia como un catalizador. “Fue uno de los primeros deportes que se habilitaron, ya que no requiere contacto físico entre los jugadores”, explicó. Además, resaltó la naturaleza social del deporte y la experiencia única que ofrece, donde la cercanía a la pelota genera un compromiso constante con el juego. Esta conexión emocional es, según él, lo que hace que el pádel sea tan atractivo para los jugadores de todas las edades.
Respecto a su nuevo centro en Canning, Belasteguín enfatizó su compromiso con el desarrollo de jóvenes talentos argentinos. “Una de mis condiciones para los inversores fue que ayudaran a formar a chicos para que puedan desarrollar su carrera en el pádel”, indicó. Este enfoque en la formación y el crecimiento del deporte en su país natal es un reflejo de su deseo de retribuir a la comunidad que tanto le ha dado a lo largo de su vida.
Por último, Belasteguín destacó el significado especial que tiene este proyecto en Argentina, resaltando que hay valores que no se pueden comprar. “El valor sentimental que tiene este proyecto es invaluable”, concluyó, dejando claro que su legado en el pádel va más allá de los trofeos y reconocimientos, y se traduce en la oportunidad de inspirar a futuras generaciones de jugadores. Con una visión optimista sobre el futuro del pádel, Fernando Belasteguín continúa siendo una figura emblemática en este deporte, con la esperanza de ver a su país brillar en el escenario internacional.



