El Rey Felipe VI de España, junto a la Reina Letizia, ha realizado este viernes una significativa ceremonia en la Basílica Papal de Santa María la Mayor, en Roma, donde asumió el cargo de protocanónigo. Este evento, que se enmarca en una rica tradición histórica, se convierte en un llamado a la unidad y la generosidad en tiempos donde el egoísmo y la indiferencia parecen prevalecer. En su discurso, Felipe VI instó a todos a convertirse en “faros de concordia”, enfatizando la importancia de asumir responsabilidades en favor del bienestar común.

Durante su intervención, el Rey expresó: “Mantengamos la esperanza de que todos, cada uno en nuestras respectivas circunstancias y responsabilidades, sepamos ser, para los demás, un pequeño faro de concordia, generosidad y entrega a la causa del bien común”. Este mensaje resuena en el contexto actual, donde los desafíos sociales y políticos demandan un mayor compromiso individual y colectivo frente a la creciente polarización y desinterés por las problemáticas ajenas.

La ceremonia comenzó con la llegada de los Reyes a la basílica, donde fueron recibidos por el canónigo español del Cabildo Liberiano, José Jaime Brosel, y el arcipreste de la Basílica, el cardenal Rolandas Makrickas. Este recibimiento simbólico se enmarca en un acto que no solo tiene relevancia religiosa, sino que también representa la conexión histórica entre la Monarquía española y la Santa Sede. La Basílica de Santa María la Mayor ha sido un lugar de encuentro y veneración desde hace siglos, y su vínculo con la Corona se remonta a épocas de Carlos I y los Reyes Católicos.

Tras el saludo litúrgico y la lectura de un pasaje bíblico, el arcipreste ofreció unas palabras antes de invitar al Rey a dirigirse a los presentes. En su discurso, además de hacer hincapié en la necesidad de una mayor solidaridad, Felipe VI recordó al Papa Francisco, destacando su papel como líder espiritual en un mundo que enfrenta múltiples crisis. La mención del Papa no solo refuerza la conexión entre la Monarquía y la Iglesia, sino que también subraya la importancia de la fe como un componente esencial para la cohesión social.

El acto continuó con la lectura de la Bula Hispaniarum Fidelitas, un documento que reafirma el compromiso de la Monarquía con la Iglesia. Este reconocimiento no es menor, ya que la relación entre la Corona y el Papado ha sido clave en la historia de España, especialmente durante épocas de conflictos religiosos. La ceremonia concluyó con el rezo del Padre Nuestro, seguido de una bendición que simboliza la unión y la protección divina sobre los que asumen cargos de responsabilidad.

Finalizada la ceremonia, los Reyes, junto al cardenal arcipreste, visitaron la Capilla Paulina, donde pudieron rendir homenaje a la Virgen de la Salud, patrona de Roma, y a la tumba del Papa Francisco. Este acto de devoción también refleja la tradición española de venerar a la Virgen María, consolidando el papel de la Monarquía como defensora de la fe en el ámbito internacional.

La Basílica de Santa María la Mayor, además de ser un importante centro de culto, representa un símbolo de la alianza histórica entre España y el Papado. Desde su consagración, ha funcionado como un puente espiritual entre la fe romana y la Corona española, en un tiempo donde la Ciudad Eterna era el corazón del cristianismo. Este legado continúa vigente, reafirmándose en ceremonias como la de hoy, donde se resalta la necesidad de trabajar juntos por el bien común, un mensaje que cobra especial relevancia en el contexto actual de divisiones y desafíos sociales.