A medida que avanza la Copa del Mundo 2026, la atención se centra no solo en el desempeño de las selecciones, sino también en el desgaste físico al que se enfrentan los jugadores. Este torneo, que se lleva a cabo en Estados Unidos, México y Canadá, presenta una serie de desafíos únicos que lo convierten en uno de los más exigentes en la historia del fútbol. A diferencia de la edición anterior en Qatar, donde las distancias entre las sedes eran cortas, este Mundial implica desplazamientos extensos, variaciones de altitud y condiciones climáticas muy diversas que impactan directamente en la preparación y rendimiento de los futbolistas.

Juan Herbella, médico deportólogo y director del Centro de Estudios del Deporte de la Universidad de Buenos Aires, advierte que la combinación de estos factores crea un escenario particularmente complejo para los atletas. En una reciente entrevista, Herbella destacó que la heterogeneidad de los entornos en los que se jugarán los partidos representa un desafío inusual. "Estamos ante un Mundial atípico en comparación con lo que hemos visto históricamente. Las condiciones son muy distintas y eso afecta el rendimiento de los jugadores", afirmó.

El especialista subrayó que la exigencia física que enfrentan los futbolistas no puede atribuirse a un solo elemento, sino que es el resultado de múltiples variables que deben gestionar tanto los jugadores como los cuerpos técnicos. "La situación se asemeja a abrir una caja de Pandora. En Qatar, los equipos se movían en un radio de una hora como máximo, mientras que aquí se deben considerar factores como la altitud de las ciudades mexicanas, el calor extremo de Dallas y las diferencias entre estadios techados y descubiertos", explicó Herbella.

Además, Herbella hizo hincapié en el impacto significativo que los viajes tienen en el rendimiento de los equipos. "Un trayecto de cinco horas puede ser más desgastante de lo que la gente imagina. Ningún equipo desea enfrentarse a la posibilidad de jugar en países con distancias largas como Venezuela o Colombia, donde el tiempo de traslado puede ser un factor decisivo", ejemplificó. Este desgaste físico se suma a la presión inherente a competir en un torneo de tal magnitud, donde cada partido puede determinar el futuro profesional de los jugadores.

El médico también abordó la interrelación entre el aspecto físico y el componente mental. "La tensión es constante, sobre todo en un evento que ocurre cada cuatro años, donde todos los ojos están puestos en los futbolistas. Esto añade una carga psicológica, ya que cada jugador compite por un lugar entre los once titulares", enfatizó. Esta presión puede influir en la capacidad de los jugadores para recuperarse y rendir al máximo.

Afortunadamente, los avances en medicina deportiva han permitido que los futbolistas sean capaces de soportar una carga de trabajo mucho mayor que en el pasado. "El fútbol de hoy es más rápido y exigente, pero también hay beneficios. La medicina ha avanzado, las intervenciones por lesiones son menos invasivas y los jugadores se recuperan mejor", comentó Herbella. Este progreso ha permitido que los clubes implementen un seguimiento exhaustivo del estado físico de sus jugadores, utilizando tecnologías como el GPS.

El uso del GPS se ha vuelto esencial para el análisis del rendimiento de los deportistas. Herbella destacó que hoy en día no solo se mide la carga externa, como la distancia recorrida y la intensidad del esfuerzo, sino también la carga interna, que se refiere a cómo responde cada organismo. "Existen herramientas para monitorizar ambos aspectos, lo que permite un control más efectivo del estado físico de cada futbolista", agregó. Este enfoque integral también abarca lo que se conoce como "entrenamiento invisible", un concepto que ahora puede ser medido con precisión, permitiendo a los equipos optimizar la preparación de sus jugadores tanto dentro como fuera del campo.