El fútbol, más allá de ser un deporte, es un fenómeno social que refleja diversas facetas de la vida humana, incluyendo la expresión de emociones. En el contexto del Mundial, estas manifestaciones se han vuelto cada vez más prominentes, evidenciándose en los jugadores y el cuerpo técnico de la selección argentina, quienes no han dudado en mostrar su vulnerabilidad ante millones de espectadores. Este tipo de expresiones emocionales, que se aprecian tanto en estadios como en hogares, han abierto un debate sobre las razones detrás de este fenómeno, su vivencia y el efecto que produce en la sociedad argentina.

La psicóloga clínica Elisa Smyth, experta en terapia cognitiva, explica que existen distintos tipos de lágrimas, cada una con su función particular. Las lágrimas basales, por ejemplo, son esenciales para la lubricación del ojo, mientras que las lágrimas reflejas se producen como respuesta a irritantes como el humo. En contraste, las lágrimas emocionales son aquellas que emergen como resultado de sentimientos intensos, lo que se torna especialmente relevante en situaciones de alta presión emocional, como las que se viven durante un Mundial.

Estas lágrimas emocionales son ricas en componentes bioquímicos como la prolactina, ACTH y opioides naturales, elementos que no solo facilitan el llanto, sino que también intensifican la conexión emocional que se establece en momentos críticos del torneo, tanto en victorias como en derrotas. Este tipo de expresión emocional alcanza su clímax en momentos decisivos, como cuando suena el silbato final de un partido que puede cambiar el rumbo de un equipo. En este sentido, el fútbol actúa como un catalizador de emociones, promoviendo la liberación de tensiones acumuladas.

La selección argentina actual ha logrado romper con antiguos estigmas relacionados con la expresión de emociones, convirtiéndose en un referente en este aspecto. Figuras como Lionel Messi, el capitán del equipo, y el entrenador Lionel Scaloni, han mostrado sus lágrimas tras los partidos, señalando un cambio significativo en la percepción de la masculinidad en el deporte. Smyth sostiene que este nuevo paradigma permite a los hombres sentirse autorizados a mostrar su vulnerabilidad, algo que antes se consideraba un signo de debilidad. "Esta selección viene a cambiar el paradigma. Ahora ellos lo muestran y habilitan ese permiso", afirma la especialista.

El estadio ha evolucionado hacia lo que Smyth denomina una "zona de permiso", un concepto que permite a los individuos expresar emociones que, en otros contextos, podrían ser reprimidas. Este cambio cultural no solo impacta en los jugadores, sino que también influye en la manera en que niños, adolescentes y adultos perciben la gestión de las emociones. La idea de que es posible ser fuerte y exitoso, y al mismo tiempo permitir la expresión del llanto, representa un avance significativo en la salud mental de los seguidores del deporte.

El Mundial, por su naturaleza, es un escenario donde la presión y la alegría convergen, generando un ambiente propicio para el llanto. Smyth observa que los jugadores de mayor experiencia tienden a llorar más que los más jóvenes, lo que puede atribuirse a la acumulación de vivencias y la carga emocional que llevan consigo. "Lloran mayormente los jugadores mayores y tiene relación por la carga emocional, la cantidad de partidos jugados y la historia personal en el club", explica la psicóloga, resaltando la importancia de la experiencia en la gestión emocional.

Finalmente, Smyth establece una distinción entre aquellos que logran procesar y liberar sus emociones y quienes eligen reprimirlas. La represión no permite la descarga emocional necesaria para el bienestar. La gestión adecuada de las emociones, en cambio, es fundamental para la salud mental. Los jugadores, conscientes de este proceso, cuentan con el apoyo de coaches y psicólogos que les enseñan a manejar sus emociones, promoviendo así un enfoque más saludable y abierto hacia el llanto y la vulnerabilidad.