Diego Poncelet, bicampeón mundial de downhill skateboarding, encontró en la velocidad y el riesgo una forma de construir su identidad. El deportista, nacido en México y criado en España y Suiza, reconoce que durante su infancia disfrutaba que lo llamaran “loco”: para él, era “el cumplido favorito”. También sostiene que el miedo puede ser “una herramienta muy bonita” y transformarse en “un fuego positivo” para la vida cotidiana.

El descenso en monopatín consiste en recorrer carreteras de montaña a la mayor velocidad posible. En las bajadas, los competidores pueden alcanzar los 130 kilómetros por hora y concentran buena parte de su técnica en saber cómo frenar. Poncelet define a la disciplina como “la Fórmula 1 del skate” y la compara con un auto de rally o con el snowboard, aunque sobre asfalto.

“Nos da una impresión de estar como levitando. Esa mezcla como de control y de adrenalina es lo que creo que nos gusta”, explicó el deportista al describir las sensaciones que genera la actividad. El equilibrio entre precisión, velocidad y exposición al riesgo ocupa un lugar central en una especialidad que se desarrolla en caminos de montaña.

Poncelet comenzó a considerar seriamente la posibilidad de convertirse en profesional a los 17 años. “Me di cuenta de que quería ser profesional y entonces decidí ponerme a fondo con el sueño de ser campeón del mundo”, relató. Ese objetivo se concretó en 2022 y volvió a alcanzarlo en 2023.

Después de esos títulos, decidió orientar su carrera hacia nuevos desafíos personales. “Intentar encontrar las carreteras más difíciles del mundo” es ahora uno de sus objetivos, según explicó. Antes de dedicarse al skate, había practicado deportes más tradicionales, entre ellos fútbol, hockey y boxeo, aunque su madre le señalaba que solía comenzar actividades y abandonarlas al poco tiempo.