Diego Luna presentó en el Festival de San Sebastián su nueva película como director, Ceniza en la boca, una adaptación de la novela homónima de Brenda Navarro. El drama aborda la migración, la precariedad y los vínculos familiares, y también funciona como una obra personal para el cineasta mexicano, que vinculó la historia con la ausencia de su madre, fallecida cuando él tenía dos años.
La película sigue a Lucila y a su hermano Diego en el recorrido que los lleva desde México hasta Madrid. Allí se reencuentran con su madre, después de ocho años de trabajo sin regularizar su situación y de haber dejado su país de origen en busca de una vida mejor. A través de esa experiencia, Luna construye un relato centrado en las dificultades de la migración y en las marcas que dejan las separaciones familiares.
El actor, conocido también por su trabajo en series como Andor, explicó que comenzó a dirigir cuando se convirtió en padre. «Estaba listo para contar mis propias historias, estaba pasando por un proceso que me pedía bajar el ritmo y profundizar», señaló. Según describió, la dirección le permite poner en juego las herramientas que adquirió como intérprete.
Luna definió Ceniza en la boca como la película de la que se siente «probablemente» más orgulloso. También sostuvo que la ausencia de sus padres atraviesa su trabajo desde su primer largometraje como director. «Mi mamá murió cuando yo tenía dos años y la forma en que eso me marcó, la forma en que estableció la relación que tengo con mi padre, y la forma en que de alguna manera me ayudó a superar la pérdida de mi padre más adelante, está presente en todo lo que hago. Está ahí porque es quien soy», afirmó.



