Una reciente investigación ha identificado dos diamantes superprofundos ubicados a unos 700 kilómetros bajo la superficie terrestre, que ofrecen nuevas perspectivas sobre el comportamiento del fósforo en el manto inferior de nuestro planeta. Esta investigación fue presentada en la Conferencia Goldschmidt 2026 y publicada por científicos de la Universidad de Alberta. La conclusión principal sugiere que el fósforo, un elemento crucial para la vida, raramente se transporta hacia el manto inferior debido a las altas temperaturas que alcanzan las placas oceánicas en subducción.

Los diamantes, considerados como cápsulas del tiempo, han permitido a los investigadores entender mejor por qué el fósforo, esencial para la constitución del ADN y las membranas celulares, no se encuentra atrapado en las profundidades del manto. La investigación indica que cuando las placas oceánicas se hunden, alcanzan temperaturas tan elevadas que el fósforo se libera y regresa a las capas más cercanas a la superficie terrestre. Esto plantea interrogantes sobre el ciclo del fósforo y su disponibilidad en las capas más superficiales de la Tierra, donde la vida se desarrolla.

Hasta el momento, los estudios sobre el ciclo del fósforo se habían centrado en las capas más superficiales de la corteza terrestre, limitándose a profundidades de hasta 100 kilómetros. Sin embargo, la falta de fósforo en el manto inferior había sido un misterio durante décadas, lo que llevó a los científicos a cuestionar la dinámica de la tectónica de placas a lo largo de miles de millones de años. Este nuevo hallazgo podría ser clave para comprender cómo se ha mantenido el equilibrio de este elemento vital para la vida en nuestro planeta.

El estudio fue dirigido por Qiwei Zhang, un exestudiante de doctorado de la Universidad de Alberta, quien ahora realiza investigación posdoctoral en la Carnegie Institution for Science. Junto a él, participaron Graham Pearson y Thomas Stachel, ambos de la misma universidad canadiense. Pearson destacó la magnitud de la problemática, señalando que si el 90% del fósforo se redistribuyera al manto inferior durante el proceso de subducción, enfrentaríamos una crisis crítica de fósforo.

La perforación más profunda realizada por el ser humano apenas ha alcanzado los 13 kilómetros, lo que limita el acceso directo a las profundidades del manto. Por esta razón, los científicos han comenzado a utilizar diamantes superprofundos como herramientas para estudiar las condiciones en las que se forman y los procesos que ocurren a gran profundidad. Estos diamantes se crean entre 410 y 700 kilómetros de profundidad y contienen inclusiones minerales que sirven como indicadores de su entorno formativo.

Zhang, con la colaboración de De Beers, examinó dos diamantes superprofundos: uno de Brasil con una antigüedad de aproximadamente 450 millones de años y otro de los Territorios del Noroeste de Canadá, que tiene alrededor de 1.700 millones de años. A través de un análisis detallado de las inclusiones minerales, el equipo logró reconstruir las condiciones de formación de estos diamantes, utilizando su estructura cristalina como un registro directo de procesos inaccesibles para la observación directa.

El análisis inicial de las inclusiones llevó a Zhang a pensar que correspondían a minerales comunes como olivino o enstatita. Sin embargo, al aplicar espectroscopía Raman, descubrió una estructura cristalina inédita que no coincidía con los datos existentes. Tras realizar una revisión exhaustiva y desarrollar un programa propio de identificación, concluyó que las muestras contenían tuíta, lo que podría ser uno de los primeros ejemplos de este mineral en la Tierra. Este descubrimiento no solo enriquece nuestro conocimiento sobre el manto terrestre, sino que también subraya la importancia de continuar explorando los secretos que encierra nuestro planeta.