NUEVA YORK (enviado especial).— Entre el 18 de diciembre de 2022 y el 19 de julio de 2026 transcurrieron 1309 días: tres años, siete meses y un día. El recorrido va de la noche de Lusail a la tarde de Nueva Jersey, y de la final contra Francia a la definición frente a España. A pocas horas del partido decisivo del Mundial 2026, el tiempo parece haberse comprimido en un instante.

La imagen de Lionel Messi tendido sobre el césped del estadio de Doha junto a su familia, después de conquistar el título y liberarse de una presión que había cargado durante años, parecía cerrar un círculo. Sin embargo, el capitán eligió continuar. El futbolista que se formó y alcanzó la gloria lejos de la Argentina regresó al barrio de siempre durante las Navidades, en busca de un afecto que nunca quiso abandonar.

En ese camino también soportó insultos y debió resignarse después de numerosos intentos. Pasó de las críticas por no cantar el himno a escuchar cómo un grito argentino cubría los silbidos de los ingleses durante la previa de la histórica semifinal disputada en Atlanta.

Messi decidió quedarse un tiempo más: exactamente, 43 meses y un día. Ahora, un país entero vuelve a sentirse llevado sobre sus hombros, a la espera de que el capitán marque el rumbo en otra final del mundo.

Su presencia en este Mundial nunca estuvo completamente confirmada. Primero volvió a probarse en la Copa América 2024, disputada en este mismo país, y, pese a algunas molestias físicas, volvió a consagrarse campeón. En sus declaraciones posteriores, el rosarino evitó afirmar de manera definitiva que jugaría la Copa del Mundo. Finalmente, la posibilidad se concretó y Messi está otra vez frente a una definición, con Argentina pendiente de cada uno de sus movimientos.