El subcampeonato mundial despertó alegría y gratitud entre los argentinos hacia la selección nacional y Lionel Messi, aunque el deseo natural era conquistar el título. En ese contexto, durante el torneo se difundieron avisos publicitarios que asociaban determinados productos con la idea de “ser patriotas” o presentaban el deseo de ganar como una forma de “ser más argentino”. Sin embargo, el patriotismo no se reduce a alentar por un resultado deportivo ni a la emoción de una competencia.

La identificación entre patriotismo, sentimiento y entusiasmo terminó por vaciar de contenido un concepto que también implica una responsabilidad cívica. El patriotismo, sostiene Gabino Oliva, es una virtud orientada al bien común y capaz de superar las diferencias personales. José de San Martín y Manuel Belgrano fueron patriotas y próceres en una época en la que el fútbol todavía no existía. Por eso, plantea que la patria no puede confundirse con una pelota y que el patriotismo no se agota en una emoción: quedarse únicamente con la imagen puede hacer perder de vista el significado profundo.

Otra de las reflexiones está dedicada a Lionel Messi y a la escena de su despedida. La imagen del futbolista solo en la cancha, quebrado en lágrimas y con los pies descalzos, aparece como el símbolo de un cierre. También representa la despedida de los Mundiales ganados y de una trayectoria marcada por sus éxitos futbolísticos. El texto destaca su capacidad para conducir y disciplinar a un equipo extraordinario, que lo acompañó con estima y orgullo, y concluye con un agradecimiento compartido por la emoción que provocó en todos.