La devolución de Retrato de una dama, del pintor italiano Giacomo Ceruti, cerró un capítulo singular vinculado con el expolio nazi y con la dispersión de la colección de Jacques Goudstikker. La obra había pertenecido al galerista neerlandés, uno de los principales marchands de arte de Ámsterdam, cuya colección reunía más de mil piezas.
Goudstikker huyó de los Países Bajos después de la invasión alemana de 1940 y murió durante la travesía. Décadas más tarde, el cuadro fue localizado en una vivienda de Mar del Plata perteneciente a una hija de Friedrich Kadgien, un funcionario del régimen nazi que se refugió en América del Sur.
El caso se resolvió mediante un acuerdo con la fiscalía, por el cual los poseedores de la pintura renunciaron a cualquier derecho sobre ella. El juez federal interviniente homologó la suspensión del juicio a prueba y dispuso la restitución a la heredera de Goudstikker.
La decisión se ajusta a los compromisos internacionales asumidos por la Argentina al adherir a los Principios de Washington sobre arte confiscado por los nazis y a la Declaración de Terezín. Aunque no son instrumentos vinculantes, ambos documentos promueven la búsqueda de soluciones justas y equitativas para atender las consecuencias aún vigentes del saqueo nazi. El desenlace de este expediente merece ser celebrado, aunque también deja planteadas cuestiones que el país deberá afrontar ante situaciones semejantes.



