En el marco del juicio que investiga una supuesta red de sobornos vinculada al kirchnerismo, el empresario Mario Rovella, director de la constructora Rovella Carranza S.A., ha realizado declaraciones impactantes. Este martes, en su comparecencia ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°7, Rovella reveló que se vio forzado a declarar falsamente bajo "coacción psicológica" para evitar su detención. En un giro inusual, el empresario dejó constancia notarial de su situación, asegurando que su declaración inicial no reflejaba la verdad debido a la presión que enfrentaba.

La revelación de Rovella no es un caso aislado. En los últimos días, otros empresarios también han expuesto situaciones similares, como lo hizo Daniel Pitón, quien argumentó haber sido inducido a incluir en su testimonio pagos que nunca ocurrieron. Sin embargo, la particularidad en el caso de Rovella radica en que un día antes de su declaración, optó por dejar un documento notarial que contradice su testimonio anterior. "Van a notar una discrepancia entre lo que declaré en marzo de 2019 y lo que voy a decir ahora", advirtió Rovella al tribunal, marcando el comienzo de su defensa.

A medida que su declaración avanzaba, el empresario enfatizó que no había realizado pagos al financista Ernesto Clarens, como se le había acusado. "Me vi forzado a admitir pagos bajo una situación de coacción psicológica. Si no aceptaba, me detenían", aseguró, planteando un dilema moral y legal que lo llevó a aceptar la mentira como única salida. La situación de Rovella refleja un contexto más amplio donde varios empresarios están denunciando presiones para involucrarse en un régimen de arrepentidos, lo que pone en tela de juicio la legitimidad de las pruebas presentadas en este caso.

Rovella también cuestionó las bases de las acusaciones en su contra, señalando que, en 2013, se alegó que su empresa y otra firma, Paolini, habían realizado pagos en dos ocasiones. Sin embargo, el empresario argumentó que no existía ninguna sociedad registrada con esos nombres en el periodo mencionado. "Nunca se comprobó nada y se me sumaron estos cohechos. Las fechas que se indican no corresponden a mi presencia en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. No realicé esos pagos a Clarens", subrayó, desafiando la validez de las acusaciones formuladas en su contra.

El empresario también abordó la relación de su firma con la Dirección Nacional de Vialidad, aclarando que fue sobreseído de todos los juicios en San Luis relacionados con la materia. "Rovella Carranza nunca recibió beneficios de Vialidad Nacional", remarcó, defendiendo la reputación de su empresa y desmintiendo los rumores que la vinculan con prácticas corruptas.

Finalmente, Rovella concluyó su exposición señalando otra incongruencia en las acusaciones: se alegó que su empresa realizó 35 obras con Vialidad, cuando en realidad, entre 2003 y 2015, sólo ejecutó 21. "Mi relación con Clarens, a quien conocí en 2009, fue exclusivamente comercial. Necesitábamos taxis aéreos para acceder a las obras y visitarlas", cerró, reafirmando su posición y desafiando la narrativa construida en su contra.

La declaración de Rovella añade una nueva capa de complejidad al caso de los Cuadernos, que ha capturado la atención del país y ha generado un debate sobre la ética empresarial y la justicia en Argentina. Su testimonio no solo pone en duda la validez de las acusaciones, sino que también invita a reflexionar sobre el uso de la coacción en el sistema judicial y las implicaciones que esto tiene para otros empresarios que podrían encontrarse en situaciones similares.