A diez años de la muerte de Umberto Eco, su obra más emblemática, 'El nombre de la rosa', sigue resonando en el ámbito literario como un ícono de la posmodernidad. Publicada en 1980, la novela no solo capturó la atención de los lectores, sino que también desmanteló los prejuicios sobre la literatura de masas, en un contexto donde la cultura televisiva comenzaba a predominar.
En una época donde los cambios culturales eran visibles, Eco se presentó como un autor que se resistía a las categorizaciones simplistas. Con una pluma afilada y una visión crítica, el intelectual italiano exploró las complejidades de la narrativa y la interpretación, desafiando las nociones de lo que se consideraba alta y baja cultura. Su ensayo 'Apocalípticos e integrados' ya anticipaba estas tensiones y su novela, en gran parte, se erigió como una respuesta a las voces que proclamaban el fin de la literatura.
Hoy, 'El nombre de la rosa' ha vendido más de 50 millones de copias y ha sido comparada con obras maestras como 'Cien años de soledad' de Gabriel García Márquez. Ganadora del prestigioso premio Strega, la novela no solo revitalizó el género de la novela histórica en Europa, sino que también continúa desafiando a nuevas generaciones de lectores a reflexionar sobre los límites de la interpretación y el papel de la literatura en la cultura contemporánea.



