La representación de la vejez en la literatura ha sido históricamente problemática, caracterizada por la creación de personajes que encarnan estereotipos negativos. A menudo, estos personajes son retratados como figuras de conflicto familiar, dependientes o resignadas al inexorable paso del tiempo. Sin embargo, en una sociedad que ve aumentar la esperanza de vida y que observa el surgimiento de la denominada "generación silver", la narrativa contemporánea comienza a desafiar estas nociones anacrónicas. En este contexto, el edadismo —entendido como la discriminación por razones de edad— se convierte en un tema de creciente interés en la ficción, invitando a una revisión de los relatos que perpetúan la idea de que, a partir de cierta edad, las personas dejan de tener deseos, aprendizajes y la capacidad de elegir.
Con este trasfondo, es posible observar cómo tres novelas argentinas contemporáneas abordan la cuestión de la vejez desde ángulos diversos y provocadores. Las obras "Ruth" de Adriana Riva, "Vantablack" de Valeria Groisman y "27 noches" de Natalia Zito, aunque no están diseñadas específicamente para discutir el edadismo, terminan por cuestionar las creencias aún arraigadas sobre la vida de las personas mayores. Cada una de estas novelas presenta personajes que desafían las expectativas y los prejuicios, ofreciendo una mirada más compleja y rica sobre lo que implica ser viejo en el siglo XXI.
La protagonista de "Ruth", por ejemplo, tiene 82 años y se aleja de la imagen de la anciana pasiva que tan frecuentemente ha sido retratada. Adriana Riva construye un personaje fascinante: Ruth es inteligente, irónica y curiosa, dotada de una voz que resuena con fuerza a lo largo de la narración. A través de sus ojos, los lectores son testigos de una mirada crítica y humorística hacia el mundo, lo que permite desmitificar las contradicciones de quienes la rodean y redescubrir su propia historia de una manera fresca y sin solemnidad. Ruth se aleja de ser una mera representación de la vejez; es una mujer con deseos, contradicciones y opiniones que se resiste a ser reducida a un simple estereotipo. En un momento histórico donde la longevidad es frecuentemente analizada desde perspectivas estadísticas o médicas, Riva pone en primer plano la experiencia personal y emocional de su personaje, recordando a los lectores que cada vida es única independientemente de la edad.
Por otro lado, "Vantablack" propone una reflexión sobre el paso del tiempo a través de la comicidad. Valeria Groisman lleva el desafío a los prejuicios un paso más allá al presentar a dos amigas octogenarias, Raquel y Beba, cuyas dinámicas se ven alteradas tras una cena memorable donde unos hongos alucinógenos revelan secretos ocultos, resentimientos y deseos olvidados. El conflicto entre estas dos amigas se transforma en un viaje hilarante y profundo, incluso desembocando en un juicio. Groisman se aleja del concepto de una vejez tranquila, presentando personajes que son capaces de generar caos, cometer errores y experimentar emociones complejas como los celos, la culpa y el deseo. Esta mirada renovada no solo invita a la risa, sino que también impulsa una reflexión sobre la complejidad de las relaciones humanas y la riqueza de la vida en la tercera edad.
Finalmente, "27 noches" de Natalia Zito también se adentra en esta conversación, aunque desde una perspectiva diferente. En esta obra, se aborda el deseo y la sexualidad en la vejez, temas que a menudo son marginados en la narrativa convencional. Zito pone en primer plano el derecho de las personas mayores a experimentar y vivir plenamente, desafiando la idea de que la vida se apaga con la edad. A través de sus personajes, la autora invita a los lectores a replantear sus propios prejuicios y a considerar la vejez no como un final, sino como una etapa rica en posibilidades y experiencias.
Estas novelas no solo enriquecen el panorama literario argentino contemporáneo, sino que también generan un espacio de reflexión sobre el lugar de los mayores en nuestra sociedad. En un mundo donde el edadismo sigue siendo una realidad cotidiana, obras como estas contribuyen a desmantelar mitos y a abrir un diálogo más inclusivo sobre la vejez. A medida que la narrativa se adentra en estos temas, queda claro que la literatura tiene el poder de cambiar percepciones y de ofrecer nuevas visiones sobre las etapas de la vida, recordándonos que la humanidad y la profundidad de las experiencias no tienen edad.



