Durante más de veinte años, he tenido la fortuna de sumergirme en la obra de J. M. Coetzee, un autor que no solo ha marcado mi trayectoria como lector, sino que ha influido profundamente en mi pensamiento y mi perspectiva sobre la literatura. Esta relación con su escritura no es simplemente el paso del tiempo; es un viaje que ha estado repleto de descubrimientos, reacciones y una constante búsqueda de comprensión a través de sus textos. Coetzee es más que un escritor para mí; es una presencia continua en mi vida literaria, un autor que ha habitado mis reflexiones y mis conversaciones académicas, convirtiéndose en una figura esencial en mi desarrollo intelectual.

Mi primer contacto con su narrativa se produjo en 2003, a través de "En medio de ninguna parte". Aunque no es una de sus obras más célebres, para mí actuó como una chispa que encendió una fascinación incontrolable hacia su estilo y sus temáticas. La prosa de Coetzee me dejó sin aliento; la complejidad de sus personajes y la profundidad de sus dilemas resonaron en mí de una manera que nunca había experimentado antes. Al rememorar sus obras más emblemáticas como "Desgracia" o "Esperando a los bárbaros", es evidente que mi conexión más intensa fue con la voz de Magda, un personaje que encarna la desolación y la resistencia de formas extraordinarias, y que me llevó a explorar un autor que desafía constantemente las convenciones narrativas.

El año 2011 marcó otro hito significativo en mi relación con Coetzee, cuando la noticia de su participación en la tercera edición del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (FILBA) se propagó entre mis amigos. Ellos, conscientes de mi admiración, me instaron a que no perdiera la oportunidad de conocerlo. Ante la posibilidad de acercarme a una figura tan influyente, decidí escribir a Eterna Cadencia, adjuntando mis trabajos académicos y expresando mi deseo de participar en el evento. Aunque inicialmente temía que mi solicitud pudiera ser vista con recelo, el equipo organizador respondió con generosidad y me ofreció una invitación a una lectura privada que realizó Coetzee en una librería local.

Este encuentro fue fundamental para mí; no solo pude charlar con él sobre mi tesis doctoral, sino que también se generó una conexión que perdura hasta hoy. Desde entonces, he asistido a sus cursos en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y mantenido correspondencia con él, lo que ha enriquecido mi comprensión de su obra y de los temas que aborda. A pesar de que no puedo afirmar que leer a Coetzee haya transformado mi vida de manera radical, lo que sí puedo asegurar es que sus textos han planteado interrogantes persistentes, especialmente en torno a cuestiones de culpa, historia y la complejidad de la violencia en sus múltiples formas.

La escritura de Coetzee no ofrece respuestas fáciles, sino que plantea dilemas que invitan a una reflexión profunda. Su habilidad para sostener preguntas difíciles es una de las características que más admiro. En un mundo donde la violencia estatal y social es cada vez más evidente, sus obras, como "Esperando a los bárbaros", adquieren una urgencia renovada, desafiándonos a confrontar realidades incómodas. Coetzee no se limita a narrar; busca que el lector se involucre en un diálogo crítico sobre la historia y la memoria, sobre lo que debemos y lo que no podemos saldar con quienes han sufrido.

Con el paso del tiempo, he acumulado más lecturas de su obra, y cada una de ellas ha aportado nuevas capas a mi entendimiento. Libros como "Vida y época de Michael K" se leen con un matiz diferente en el contexto argentino, donde la historia de nuestro país resuena con las inquietudes que Coetzee plantea en su narrativa. La conexión entre su obra y la realidad sociopolítica local es innegable, y cada lectura ofrece una oportunidad para reflexionar no solo sobre la historia, sino también sobre el papel del escritor y su responsabilidad ética ante los relatos que elige contar. En definitiva, J. M. Coetzee es un autor que trasciende el tiempo y el espacio, desafiándonos a cuestionar nuestras propias percepciones del mundo.