El escritor argentino Jorge Luis Borges, una de las figuras más emblemáticas de la literatura en español, dejó una huella indeleble en la cultura del siglo XX. Sin embargo, su vida y obra también han estado rodeadas de anécdotas y momentos que, aunque íntimos, nos permiten vislumbrar un poco más sobre su personalidad. En el marco del 50 aniversario del Golpe de Estado en Argentina, un fotógrafo ha decidido compartir recuerdos de una entrevista realizada a Borges en 1975, que hasta ahora permanecieron en el olvido. Estas imágenes no solo son un testimonio visual, sino que también evocan la atmósfera cultural y política de una época convulsa.
La historia comienza en un contexto de gran agitación social y política en el país. Al momento de la entrevista, Argentina se encontraba sumida en la violencia y la represión de la Triple A, mientras que Borges, con su irónica mirada, desafiaba las convenciones y se mantenía al margen del tumulto. En un encuentro que tuvo lugar en su hogar, el fotógrafo, entonces un joven de apenas 19 años, se unió a Miguel Briante, un periodista consagrado, para captar la esencia de un hombre que, a pesar de su ceguera, irradiaba una sabiduría singular. La interacción entre Borges y Briante fue intensa, centrada en literatura, mientras el fotógrafo luchaba por capturar la esencia del momento.
El fotógrafo, que se encontraba en sus primeros pasos en el mundo del periodismo gráfico, recuerda cómo la presión aumentaba al saber que las imágenes serían la portada de una revista. A pesar de las quejas de su compañero y la tensión inherente al trabajo, la figura de Borges era cautivadora. Sin embargo, el uso de diapositivas a color, que exigían una sensibilidad diferente a las tradicionales en blanco y negro, complicó aún más la tarea. Borges, con su estilo de vida austero, brindaba un escenario desafiante, donde la luz escasa y la necesidad de utilizar flash sumaban estrés a un trabajo ya complejo.
La charla entre Borges y Briante se centró en literatura, un área donde el fotógrafo se sentía algo perdido, ya que muchos de los autores mencionados le eran desconocidos. A pesar de su admiración por Borges, el joven no lo veía como un ícono; su atención estaba más dirigida hacia otros autores contemporáneos. De esta forma, una de las tensiones del encuentro radicaba en la diferencia generacional y cultural entre Borges, un coloso de la literatura, y el fotógrafo, un recién llegado al mundo de las letras. Sin embargo, el ambiente era cálido, y el trato familiar de Fanny, la asistente del escritor, creaba una atmósfera de cercanía que contrastaba con el contexto político de la época.
Posteriormente, el trío se trasladó a uno de los cafés preferidos de Borges, la Librería de la Ciudad. Este lugar, un refugio para los amantes de los libros, también simbolizaba el cruce entre la literatura y la vida cotidiana en Buenos Aires. El fotógrafo, al recordar ese momento, evoca la emoción que sintió al recibir un libro recién editado, que subraya la conexión entre la literatura y su propia vida. A pesar de sus dudas y la presión del trabajo, el encuentro con Borges se transforma en un recuerdo preciado, una experiencia que trasciende la simple labor de un fotógrafo.
Finalmente, a través de estas imágenes y relatos, se abre una ventana a un pasado que invita a la reflexión sobre la relación entre la cultura y la política en Argentina. Borges, un hombre que supo navegar la complejidad de su tiempo, no solo dejó un legado literario, sino también una serie de interacciones humanas que nos permiten entender mejor su figura. Las fotos, aunque nunca publicadas, son un testimonio de un momento único en la historia de la literatura argentina y de un encuentro que, a pesar de sus dificultades, se transforma en un símbolo de la vida y obra de un gigante literario.



