En París, varios trabajadores instalan una reproducción de grandes dimensiones de Jeanne, el óleo que Édouard Manet realizó en 1882 y que también es conocido como Primavera. La escena adquiere una particular proximidad con el inicio de la estación en este lado del planeta, una coincidencia que vincula la obra original con su versión descomunal en el espacio urbano.

La pintura tiene como modelo a Jeanne Demarsy, una joven cuya belleza, encanto y sentido de la modernidad le permitieron destacarse en los salones y los bulevares de la Belle Époque. Su presencia en la obra de Manet condensa una época en la que París buscaba afirmarse como una ciudad moderna, aunque también permanecía atenta a las modas, los códigos sociales y los juegos de apariencia.

En ese marco, la imagen de Demarsy no se reduce a una representación espontánea de la primavera. La delicadeza que transmite está construida a través de cada elemento de su atuendo: los lazos, la combinación entre las prendas y los accesorios, y también el gesto con el que posa. La reproducción instalada en París recupera esa huella de Manet y amplía, por su escala, una escena concebida originalmente como un óleo.