La elaboración de planes de autoprotección y emergencia aparece como una de las principales herramientas para preservar los edificios del patrimonio cultural frente a fenómenos naturales, entre ellos los terremotos. A esa estrategia se suma la propuesta de diseñar estructuras “flexibles”, capaces de acompañar el movimiento sísmico sin sufrir daños de gravedad.
En la Alhambra, un plan de estas características permitió tomar “decisiones rápidas” ante una situación que exigía actuar en poco tiempo, según explicó el director del Patronato del monumento, Rodrigo Ruiz-Jiménez Carrera. El funcionario remarcó que estos protocolos deben organizarse de acuerdo con las distintas amenazas que pueden afectar al conjunto monumental, como vientos, lluvias, incendios o terremotos.
El objetivo central, señaló, es garantizar la seguridad de trabajadores y visitantes. En ese marco, las decisiones no se toman únicamente después de comprobar un desperfecto, sino también considerando qué podría suceder ante una eventual réplica sísmica. La serie de movimientos que afecta a Granada y su área metropolitana desde el 14 de agosto tuvo su mayor intensidad en dos terremotos de magnitud 4,8 Mw, además de numerosas réplicas.
De acuerdo con Ruiz-Jiménez Carrera, la Alhambra no registró daños estructurales como consecuencia de esos movimientos y solo presentó afectaciones mínimas. El director vinculó esa respuesta, entre otros factores, con la existencia de protocolos específicos para actuar ante emergencias, aunque la explicación sobre los demás motivos quedó inconclusa en el material disponible.



