En la ciudad de La Paz, los panaderos locales celebraron el Día de la Marraqueta, una tradición que resalta la importancia de este emblemático pan en la cultura boliviana. Durante la conmemoración, se anunció la intención de que la marraqueta sea declarada Patrimonio de la Humanidad, dado su significado en la gastronomía y en la identidad nacional. Este pan, conocido por su característico exterior crujiente y su interior aireado, es considerado un pilar fundamental de la alimentación diaria en muchas familias bolivianas.
El presidente de la Federación de Panificadores Artesanos de La Paz, Dandy Mallea, destacó que la marraqueta no solo es un alimento, sino que ha trascendido fronteras y se ha convertido en un símbolo de la cultura boliviana. Desde su declaración en 2006 como Patrimonio Cultural e Histórico de La Paz, y con la reciente ley municipal que estableció el 6 de julio como el Día de la Marraqueta, los panaderos ahora buscan avanzar hacia una legislación nacional que respalde su estatus. Mallea subrayó que este esfuerzo tiene como objetivo presentar la marraqueta ante la UNESCO, asegurando que el mundo reconozca su origen y su relevancia para todos los bolivianos.
La marraqueta se elabora mediante un proceso que requiere atención y dedicación, comenzando con una mezcla sencilla de harina, agua, sal y levadura. Antes de ser horneados, los bollos se dejan reposar en telas de yute, lo que contribuye a la calidad final del pan. El horneado se realiza en hornos tradicionales de ladrillo, donde se introducen 'chamillos', panes integrales que aportan humedad, creando el entorno perfecto para que las marraquetas adquieran su textura característica. Mallea enfatiza que el uso de estos hornos es uno de los secretos que permite obtener un producto de alta calidad.
El origen de la marraqueta ha sido objeto de debate entre historiadores, con diversas teorías que intentan explicar su llegada a Bolivia. Una de las más citadas es la que atribuye su introducción al panadero griego Michel Jorge Callisperis, quien migró a La Paz en 1908 con su receta. Otra narrativa sugiere que los daneses Andrés y Wigo Rasmussen, expertos en panadería, fueron quienes popularizaron este pan en la década de 1920. Ambas versiones reflejan la rica historia de la panadería en el país y cómo la marraqueta se ha consolidado como un alimento cotidiano y lleno de significado.
Además, el apodo de 'pan de batalla' tiene diversas interpretaciones, una de las cuales sugiere que este pan era parte de la alimentación de los soldados durante la Guerra del Chaco, conflicto que enfrentó a Bolivia y Paraguay entre 1932 y 1935. El antropólogo Diego Noriega, quien colabora con la Federación de Panificadores Artesanales, menciona que la marraqueta ha logrado mantener su relevancia a lo largo de los años, convirtiéndose en un símbolo de resistencia y unidad en el país.
La propuesta de declarar la marraqueta como Patrimonio de la Humanidad no solo busca preservar una tradición culinaria, sino también fortalecer la identidad cultural de Bolivia en el escenario internacional. Este esfuerzo es un llamado a valorar la herencia gastronómica del país y a reconocer cómo un simple alimento puede contener la esencia de un pueblo. La marraqueta, con su rica historia y su inconfundible sabor, se erige como un símbolo de la cultura boliviana, y su reconocimiento a nivel mundial podría abrir nuevas oportunidades para la promoción de la gastronomía del país.



