El legado de Nicolás Copérnico, nacido en 1473, se ha consolidado como un pilar fundamental en la historia de la ciencia. Aunque su llegada al mundo pasó desapercibida, su obra transformó radicalmente la comprensión que la humanidad tiene de su lugar en el universo. Desde su infancia en Prusia, no se vislumbraba que este niño marcaría un hito en la forma en que nos percibimos en el cosmos.

Después de completar sus estudios en Cracovia, Copérnico se trasladó a Italia, donde se dedicó a estudiar matemáticas, medicina y derecho canónico. Sin embargo, su verdadera pasión se encontraba en la astronomía. Bajo el manto estrellado, dedicó horas a observar el movimiento de los astros, registrando con precisión sus trayectorias. Fue entonces cuando comenzó a cuestionar el modelo geocéntrico de la antigüedad, que colocaba a la Tierra en el centro del universo, al no poder explicar ciertos fenómenos astronómicos.

La discrepancia entre las teorías antiguas y sus observaciones personales lo llevó a desarrollar sus ideas en un libro que cambiaría la historia. En "Sobre las revoluciones de las esferas celestes", Copérnico desplaza a la Tierra de su posición privilegiada, obligando al mundo a repensar su relación con el universo. Este descubrimiento fue más que un avance científico; Freud lo catalogó como la primera "herida narcisista" de la humanidad, marcando un antes y un después en nuestra percepción del cosmos.