Mónica Cahen D’Anvers ha logrado, a sus 91 años, instaurar una vida llena de vitalidad lejos del bullicio mediático. Su refugio en San Pedro, rodeada de la naturaleza y el cariño de su familia, la ha convertido en un símbolo de longevidad activa. En este entorno, la ex periodista encuentra la energía necesaria para disfrutar de cada día, demostrando que la vida puede ser plena a cualquier edad.

Nacida el 7 de noviembre de 1934 en Buenos Aires, Mónica proviene de una familia con una rica herencia cultural. Su padre, el conde francés Gilbert Cahen D’Anvers, y su madre, la argentina María Elina Láinez, le brindaron una educación que la llevó desde el Northlands School hasta la prestigiosa Universidad de Cambridge. Este bagaje académico no solo formó su personalidad, sino que también la preparó para convertirse en una figura destacada en el mundo del periodismo y la televisión.

Antes de consolidarse como una de las voces más reconocidas de la televisión argentina, Mónica exploró su pasión por la actuación. Durante los años 60, fue parte del elenco de la popular telenovela "El amor tiene cara de mujer" y participó en películas como "Con gusto a rabia" y "Extraña invasión". Sin embargo, el llamado del periodismo fue más fuerte, y el 3 de enero de 1966, comenzó su camino en Telenoche, donde su carisma y profesionalismo la hicieron merecedora de un lugar privilegiado en la pantalla chica.

A lo largo de su carrera, Mónica no solo se destacó por su presencia en televisión, sino que también cosechó numerosos premios que avalaron su trabajo. Con 25 galardones Martín Fierro y el Martín Fierro de Oro en 2001, su trayectoria es un testimonio del compromiso y la excelencia en el periodismo. También recibió reconocimientos de la Fundación Konex, consolidando su legado en el ámbito de la comunicación.

En la actualidad, Mónica ha encontrado su verdadero hogar en La Campiña de San Pedro, un proyecto que comenzó junto a su compañero de vida, César Mascetti. Lo que inició como un simple cultivo de un naranjo se ha transformado en un complejo agrícola que combina producción, gastronomía y turismo, reflejando su filosofía de vida. Tras la partida de Mascetti en 2022, muchos se preguntaron si el lugar perdería su esencia, pero Mónica ha demostrado que su legado sigue vivo a través del trabajo diario.

La rutina de Mónica en La Campiña está marcada por la actividad constante, donde cada fin de semana recibe a visitantes que vienen en busca de productos frescos y artesanales. Su presencia activa no solo es un gesto amable hacia el público, sino que representa su conexión con la comunidad, manteniendo viva la historia que ha construido. La interacción con quienes visitan el lugar es fundamental para ella, ya que refuerza su papel como el corazón de un proyecto que se niega a ser un simple recuerdo del pasado.

La vitalidad de Mónica se ve enriquecida por la colaboración de su familia, quienes juegan un papel crucial en el funcionamiento de La Campiña. Sus hijos, Sandra Mihanovich e Iván "Vane" Mihano, forman parte esencial de este emprendimiento, aportando una nueva generación que mantiene el espíritu de trabajo y conexión con la comunidad. Así, Mónica Cahen D’Anvers no solo se erige como un ícono del periodismo argentino, sino que también se convierte en un ejemplo de cómo vivir plenamente en cada etapa de la vida.