El primer episodio de ‘Los testamentos’, la nueva serie basada en la obra de Margaret Atwood, nos introduce a un mundo complejo donde la obediencia y el poder femenino juegan un papel central. Una de las protagonistas, Agnes MacKenzie, se encuentra en el pasillo de su colegio, un entorno que define su existencia. Desde su perspectiva, presencia el castigo a una compañera, Perla, un acto que no logra comprender en su totalidad. Esta escena revela la lógica distorsionada de Gilead, donde la corrección se confunde con el amor. Mientras Agnes observa con aprobación, el espectador se sitúa fuera de esa realidad, lo que crea una brecha crucial en la narrativa, una grieta que Atwood ya había explorado en su novela de 2019 y que Bruce Miller ha traído a la vida a través de la cinematografía.
Es esencial recordar que la primera temporada de ‘El cuento de la criada’ fue una adaptación más fiel a la obra de Atwood, finalizando con una imagen directa de la novela. Sin embargo, las tres horas de este nuevo relato, que se estrena en Disney +, prometen un enfoque fresco y atractivo que justifica el regreso a Gilead, menos de un año después de que se diera por concluida la historia original. La gran incógnita que persiste es si la serie podrá mantener esta calidad narrativa a lo largo de una temporada completa de diez episodios, algo que se vislumbra desafiante.
Para apreciar lo que ‘Los testamentos’ busca lograr, es fundamental observar lo que ha decidido omitir. La serie original se caracterizaba por su enfoque claustrofóbico; los planos fijos en el rostro de Elisabeth Moss y la voz en off de June Osborne creaban una atmósfera de opresión. Este estilo introspectivo convirtió a la primera temporada de ‘El cuento de la criada’ en una de las propuestas más impactantes de 2017. Sin embargo, a medida que avanzó la trama, la serie comenzó a caer en la repetición de su propio sufrimiento. La evolución de June de mujer común a símbolo de resistencia transformó los horrores de Gilead en simples obstáculos narrativos, diluyendo la profundidad del análisis del sistema opresor.
En contraste, ‘Los testamentos’ presenta a sus protagonistas desde una perspectiva diferente. En lugar de ser víctimas en el sentido tradicional, las nuevas protagonistas son mujeres que aún no comprenden su condición de oprimidas, lo que añade un nivel de inquietud a la narrativa. Agnes, interpretada por Chase Infiniti, es la hija de un comandante y ha crecido en un ambiente de privilegio, rodeada de lujos y bajo el cuidado de las Martas. Su educación, aunque limitada por el régimen de Gilead, se desarrolla en una escuela supervisada por la temible tía Lydia, interpretada nuevamente por Ann Dowd. Esta dualidad en el desarrollo de los personajes plantea preguntas sobre la verdadera naturaleza del poder y la sumisión en un entorno tan controlado.
La serie no solo busca seguir la línea de su predecesora, sino que intenta expandir el universo de Gilead mediante la exploración de nuevas historias y perspectivas. Esto podría permitir a los espectadores una comprensión más amplia de la sociedad distópica creada por Atwood. Además, la dinámica entre las protagonistas y sus entornos plantea un análisis más profundo sobre las relaciones de poder y la resistencia, lo que podría ofrecer una narrativa más rica y variada. Sin embargo, la expectativa de que esta nueva serie logre mantener un equilibrio entre la trama y la profundidad de los personajes es un desafío que solo el tiempo podrá responder.
En síntesis, ‘Los testamentos’ se presenta como una oportunidad para adentrarse nuevamente en el universo de Gilead, pero desde un ángulo renovado. La serie promete explorar la complejidad de sus personajes y las dinámicas de poder en un contexto donde la obediencia y la esperanza son fundamentales. La manera en que esta adaptación logre desarrollar sus temas centrales será crucial para capturar la atención del público y ofrecer una experiencia visual y narrativa impactante, tal como lo hizo su predecesora en su primera temporada.



