El reciente recital de Liliana Felipe en el Teatro Empire de Buenos Aires se destacó no solo por su música, sino también por la profunda carga emocional y política que la artista transmite en cada una de sus presentaciones. En un ambiente cálido y de cercanía, el público, rendido a su talento, clamaba por temas emblemáticos como “Mala”, “San Miguel Arcángel” y “Sirena con patas”. La conexión entre la cantante y sus seguidores fue palpable, un ida y vuelta que caracterizó la noche y que reafirma su estatus como una artista de culto en el ámbito musical argentino.
Liliana Felipe, originaria de Córdoba, ha regresado a Argentina en numerosas ocasiones desde su exilio en 1977, tras el secuestro de su hermana Ester, quien continúa desaparecida. Este regreso a los escenarios se enmarca en la conmemoración de los 50 años del Golpe de Estado en el país, un hecho que marcó a fuego la historia argentina y que, sin duda, influye en la obra de Felipe. En sus recitales, la figura de Ester no solo se menciona, sino que se convierte en un símbolo de la lucha por la memoria y los derechos humanos, temas que la artista ha defendido a lo largo de su carrera.
La velada dio inicio con Felipe, una figura alta y carismática, que se presentó sin pretensiones, vistiendo ropa sencilla, con su cabello recogido y sin maquillaje. Se sentó al piano y comenzó a tocar, deslumbrando a la audiencia con su virtuosismo. Interpretó un tema creado por su pareja, Jesusa Rodríguez, que aborda las experiencias de la menopausia. A través de la risa y la ironía, Felipe logró conectar con el público, quien se sintió identificado con las vicisitudes que la artista describía en sus letras.
Con una promesa humorística, Felipe anunció que al cumplir 80 años se vestirá de manera extravagante y se convertirá en “un mal ejemplo”. Aunque ya cuenta con 72 años, la artista demostró estar en plena forma, con una voz potente y una presencia escénica que cautivó a todos los presentes. En un momento, mientras interpretaba “Las histéricas”, hizo una reflexión sobre la naturaleza femenina, jugando con los estereotipos y abordando temas de psicología en clave de humor, lo que generó risas y aplausos entre los asistentes.
En años recientes, la artista ha ampliado su enfoque, de la defensa de los derechos humanos a la protección de todos los seres vivos, adoptando un estilo de vida vegano y promoviendo la igualdad entre especies. Esta evolución se refleja en sus letras, como en una de sus canciones, donde juega con la idea del amor y el dolor, haciendo un guiño al auditorio con un toque humorístico al mencionar sus preferencias culinarias. Su enfoque inclusivo y su crítica social son constantes en su repertorio, lo que la convierte en una figura única en la música local.
La dimensión política de la obra de Felipe ha sido un rasgo distintivo a lo largo de su carrera, entrelazando el humor con el compromiso social. Temas como la desigualdad, el amor y la historia se entrelazan en sus letras, donde hace referencia a figuras históricas y sociales de manera sagaz y crítica. En una de sus canciones, menciona personajes como Madame Bovary y Madame Pompadour, utilizando su humor mordaz para reflexionar sobre la realidad contemporánea y la situación política del país.
Así, el recital de Liliana Felipe no fue solo un espectáculo musical, sino una experiencia cargada de memoria, crítica y reflexión. La artista continúa siendo un referente en la escena cultural argentina, capaz de hacer reír y pensar a su público, mientras reivindica la memoria de quienes lucharon por la justicia y la verdad en un pasado doloroso. Su legado, sin duda, perdurará en la historia de la música y la lucha por los derechos humanos en Argentina.



