Históricamente, la vulnerabilidad ha sido considerada un signo de debilidad, especialmente en el ámbito laboral. Mostrar inseguridad, aceptar errores o manifestar emociones podía ser visto como una falta de fortaleza o preparación. A nivel personal, la cultura promovía la idea de ser inquebrantable, de no mostrar flaquezas. Sin embargo, esta visión está experimentando una transformación significativa. Actualmente, la vulnerabilidad se reconoce como una habilidad esencial para el crecimiento personal, el liderazgo efectivo y la creación de relaciones auténticas.

Brené Brown, investigadora y profesora en la Universidad de Houston, es una de las voces más influyentes en el estudio de esta temática. Define la vulnerabilidad como el espacio donde coexisten la incertidumbre, el riesgo y la exposición emocional, elementos que son fundamentales para la alegría, la creatividad y la conexión humana. Estas características son cada vez más necesarias en un entorno global que evoluciona rápidamente.

Este nuevo enfoque es crucial para las organizaciones, que durante años han seguido un modelo de liderazgo basado en el control y la certidumbre. La expectativa de que los líderes debían tener todas las respuestas y proyectar una imagen de invulnerabilidad ha quedado obsoleta. En la actualidad, se requiere que los líderes reconozcan sus limitaciones, busquen ayuda y fomenten un ambiente de aprendizaje. Un líder que admite no tener todas las respuestas genera confianza, un ingrediente fundamental para el compromiso y el rendimiento en equipo. Además, la aceptación de la vulnerabilidad es esencial para la innovación, ya que alienta a las personas a experimentar y aprender sin temor al error.