La nueva obra de Ian Buruma, titulada "Stay Alive: Berlin 1939-45", arroja luz sobre las sutiles pero significativas formas de resistencia que se gestaron entre los berlineses comunes bajo el régimen nazi. A través de un enfoque que desafía las narrativas heroicas tradicionales, Buruma revela cómo la vida cotidiana, marcada por la represión y el miedo, también fue un escenario de actos de valentía anónima, donde el deseo de preservar la dignidad personal se enfrentaba a la brutalidad del Tercer Reich.
El autor basa su relato en las cartas de su padre, Leo Buruma, quien en 1943 fue reclutado para trabajar en Berlín. Estas cartas ofrecen una mirada íntima a la vida en una ciudad que, a pesar del yugo nazi, conservaba destellos de humanidad. Por ejemplo, cuando se obligó a los judíos a portar insignias, muchos berlineses optaron por acercarse a ellos en un gesto de solidaridad, arriesgando su propia seguridad. Leo, quien cumplía funciones como vigilante de ataques aéreos, también se dedicaba a tocar el piano en la casa de una viuda judía, una actividad que podía haberle costado muy caro en un contexto de vigilancia extrema.
A medida que avanzaba la guerra y el contexto se volvía más adverso, la resistencia se tornó más compleja. La llegada de los soviéticos y los bombardeos aliados generaron un clima de miedo y escasez en la ciudad. En este contexto, el saludo más común entre los berlineses se transformó en “Bleiben sie übrig” (“Que sobrevivas”), una frase que encapsulaba la lucha entre la resignación y el esfuerzo por resistir. Buruma destaca que la resistencia no se limitó a las redes clandestinas, sino que también se manifestó en pequeños actos de desafío, como el amor de su padre por una joven ucraniana, desafiando las normas raciales impuestas por el régimen.



